jueves, 24 de mayo de 2012

Víctimas involucraron a la policía rionegrina

Declaró el matrimonio Blanco. - Incriminaron al exagente Quiñones de Cipolletti.

Norberto Blanco y su esposa Silvia Barco relataron con crudeza los sometimientos físicos y psíquicos a los que fueron sometidos cuando el 24 de marzo del 76 fuerzas policiales de Río Negro y del Ejército irrumpieron con violencia en su departamento en Cipolletti. Blanco no estaba y lo fueron a detener al municipio donde trabajaba, pero como minutos antes se habían llevado a su hermano, se escapó y ocultó.

Para obligarlo a que se entregara, efectivos policiales tomaron de rehén a su esposa -embarazada de siete meses- e hijos, ocupando la vivienda una semana hasta que lograron el objetivo: Blanco se entregó en la comisaría Cuarta y desde allí fue llevado al Batallón 181 de esta ciudad.

En agosto lo secuestraron en esta ciudad, lo llevaron a La Escuelita, donde fue torturado con picana eléctrica.

De esos y otros episodios ambos incriminaron al expolicía rionegrino Miguel Ángel Quiñones y le atribuyeron un rol protagónico en las peripecias de todo orden que debieron atravesar.

"Cuando me entregué en la comisaría me atendió el teniente (Gustavo) Vitón y estaba Quiñones", dijo Blanco.

"Quiñones allanó mi casa y ordenó la permanencia de los efectivos en el interior. Tenía poder de mando y me recibía en la comisaría cuando iba a preguntar por qué habían detenido a mi esposo", señaló Barco.

Blanco remarcó: "Quiñones me detuvo en agosto y me llevó a La Escuelita. Un informe de ´Río Negro' intentó legitimar el accionar de la policía rionegrina e involucró intencionalmente a mi esposa, aunque después ante el reclamo se publicó que había sido un error involuntario. Pero la Policía de Río Negro fue responsable".

Norberto Blanco era militante del Partido Comunista -al que al año renunció por que ésta fuerza apoyó el golpe militar- y del sindicato municipal;su esposa era docente, integraba el centro de estudiantes del Instituto de Formación Docente y el gremio Unter. "Nuestras actividades eran transparentes, públicas, ejercidas en el marco del estado de derecho", dijo la mujer de Blanco.

El hombre dijo que había optado por entregarse porque -en momento que estaba oculto- su hermano se lo aconsejó "porque si me encontraban en la calle me iban a matar y porque sabía lo que estaba sufriendo mi familia"

Blanco agregó que, como consecuencia de las detenciones "me tuve que ir a Buenos Aires. Sin trabajo, sin casa, sin muebles. Me torturaron, me picanearon, pero eso no influyó en mi físico ni en mi espíritu... Sí que me humillaron". Por su lado, Barco relató que cuando en un patrullero la llevaron a ver un ginecólogo, el doctor Villagra -no recordó el nombre- "no me quiso atender. Me dijo que no atendía guerrilleros".

miércoles, 23 de mayo de 2012

Causa "la escuelita" II. Vieron a Guglielminetti en asambleas obreras

Sergio Méndez Saavedra es un obrero de la construcción -jubilado- que fue secuestrado en Cutral Co en 1976, brutalmente golpeado en la comisaría de la localidad y torturado hasta perder el oído en el centro clandestino "la Escuelita" de Neuquén, en una segunda detención.

Aseguró que Raúl Guglielminetti -civil de Inteligencia imputado en este juicio- era uno de los que intervenía en las asambleas obreras de El Chocón antes del golpe.

El juicio en el que se debaten delitos de lesa humanidad continuó esta semana con testimonios de víctimas del "Operativo Cutral Co", cuando una docena de militantes gremiales, adolescentes y jóvenes que adherían al PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) fueron secuestrados de la comarca petrolera en junio de 1976. Varios de los detenidos en aquel procedimiento están desaparecidos.

Según se escuchó en las últimas tres audiencias, el centro de Cutral Co y las escuelas secundarias de Huincul fueron "rodeados" por soldados para que militares y oficiales de la policía neuquina llevaran a cabo los secuestros junto con personal de Inteligencia del Ejército, en tanto la comisaría fue utilizada para el interrogatorio bajo tormentos de los detenidos.

"Golpearon la puerta y como estaban armados, les abrí; le pusieron una pistola en la cabeza a mi esposa mientras pateaban a mis hijos más pequeños que no querían que me llevaran. Estaban encapuchados, armados y vestidos de civil", describió Méndez Saavedra, secuestrado violentamente en junio y luego en septiembre de 1976.

Agregó que cuando lo llevaron afuera de su casa, en uno de los Falcon vio a Carlos Chávez -militante del PRT desaparecido- que "iba más muerto que vivo" por la paliza a la que había sido sometido; en tanto describió que le vendaron los ojos para meterlo a una oficina de la comisaría de Cutral Co, donde fue duramente castigado con patadas, golpes y culatazos.

Agregó que allí pudo advertir que estaban Pedro Maidana y Francisco Tomasevich, mientras que el traslado a Neuquén en un camión celular quedó en la U9, donde fue testigo de que Guillermo Almarza -que estaba encarcelado- volvió destrozado y con los oídos sangrantes, tras ser sacado del lugar.

Méndez Saavedra dijo adherir al PRT "pero nunca fui violento, ni llevé un arma en mi cintura".

En una segunda detención, padeció torturas en los 20 días que estuvo en "La Escuelita" de Neuquén, cuando escuchó la presencia allí de los cutralquenses Raúl Metz y Graciela Romero de Metz, embarazada.

Dramático relato sobre las secuelas de la tortura

Cuando lo secuestraron en 1976, Luis Almarza recibió 57 golpes desde la nuca hasta al coxis en el traslado en avión desde Neuquén a Rawson. Su columna quedó destrozada.

"Las consecuencias físicas están a la vista, son los 57 golpes del traslado" dijo ayer Luis Guillermo Almarza para ilustrar cómo quedó destrozada su columna tras los golpes y picana eléctrica aplicados en su cuerpo en sesiones de tortura que sufrió desde que fue secuestrado en Cutral Co el 14 de junio de 1976.

"57 bastonazos recibí desde la nuca hasta el coxis", dijo Almarza que contó en el trayecto por avión en el que fue trasladado desde la U-9 neuquina hasta Rawson -en septiembre de ese año-, cuando estaba vendado con las manos esposadas en los pies.

Cuando lo bajaron a las patadas al penal del sur "no podía caminar". En 1978 y por gestión del obispo neuquino, Jaime De Nevares, sus padres lograron que luego de dos años de estar encarcelado tras el secuestro, pudiera usar sus anteojos, sin los cuales no veía.

Almarza fue picaneado desde su secuestro en Cutral Co, el 14 de junio de 1976, cuando tenía 26 años. "La persona que estaba con Mendoza (ex comisario de Cutral Co en 1976) era la que llevaba a cabo los tormentos", dijo al recordar a quiénes pudo ver entre sus victimarios.

En la comisaría los tormentos comenzaron con trompadas, militares parados sobre sus extremidades durante la paliza y luego la picana hasta el desmayo.

Almarza fue uno de los testigos centrales en la jornada del juicio por delitos cometidos en la región en la última dictadura militar.

Aunque estuvo vendado, el excomisario neuquino Héctor Mendoza le hizo firmar una declaración que no pudo ver. "Vivía en Huincul desde niño, conocía a mucha gente, me preguntaban por Oscar Hodola, que era mi amigo y yo sabía que era del PRT -Partido Revolucionario de los Trabajadores-, y por otros que militaban en movimientos sociales y en el PJ. Yo no estaba afiliado a ningún partido político, pero adhería al PRT, y muchos los que queríamos otro futuro, eran mis amigos", dijo.

Después de los tormentos en Cutral Co fue trasladado hasta la U-9, de donde lo sacaban casi a diario desde el penal la primera semana. "La picana era inamovible, las trompadas y también el falso teléfono, la mano ahuecada en los oídos" en la Federal o en el ex Distrito Militar, ubicado en 1976 en Olascoaga y la ruta, que luego se vendió a una cadena de supermercados.

"Periódicamente me sacaban para interrogarme en la Federal y en el Distrito", sostuvo Almarza quien dijo que reconoció el lugar cuando, de regreso del exilio en Bélgica, como técnico gráfico ingresó a ese edificio cuando funcionó allí la escuela de Bellas Artes. "Cuando hice un recorrido por las aulas, me situé que allí había estado", dijo. A pesar del cruento trato a los presos en Rawson, Almarza denunció ante la Cruz Roja internacional cómo había sido torturado y los vejámenes carcelarios, y luego ante la comisión de la OEA -a fines de septiembre de 1979-, ya en la U-9 de La Plata, atestiguó conocer de la desaparición de los José Méndez, Javier Seminario, Juan Manuel Pincheira y Orlando Cancio, una tarde de siesta de 1976 cuando fueron sacados de Rawson "y en el diario salió que les habían dado la libertad, pero hasta hoy no están".

El cautiverio marcó una bisagra en la vida

Emiliano Cantillana Marchant aseguró que fue un hombre antes y otro después de haber pasado por la tortura . "Antes éramos jóvenes que pensaban en el futuro, en una patria libre, soberana, igualitaria; y pasamos a ser seres silentes; porque si te llevaron, por algo fue (le decían), entonces la sociedad y la justicia estaba ausente ", aseguró.

Cantillana Marchant reconoció a un hombre alto, rubio, de unos 35 años y de tez rosada como la voz que estuvo presente cuando lo picaneaban en Cutral Co en la U-9 de Neuquén. "Sabemos todo de vos, cuidate", le dijo al dejarlo en libertad uno de los interrogadores después de un mes de cautiverio, que incluyó las torturas en la comisaría y los golpes en la U-9.

Sin dudarlo, aseguró que el jefe de la comisaría de Cutral Co, Héctor Mendoza, estuvo en la comisaría la noche de secuestros y tormentos. "No sé si el torturaba, estaba con los militares que me torturaron. El estaba ahí", dijo Cantillana Marchant, quien fue secuestrado de Cutral Co.

Mendoza no integró el grupo de imputados en este juicio debido a que estuvo prófugo hasta el 2010, cuando fue hallado en Paraguay, en una comunidad religiosa donde se hacía llamar "hermano Héctor". Su procesamiento fue confirmado y está en la U-9 a la espera de un nuevo juicio.

¿Porqué no dio el nombre en el 85?, le preguntó la defensa oficial al comparar la declaración de ayer, con una realizada ante la Conadep y la instrucción judicial realizada por el juez federal Rodolfo Rivarola.

"Porque Mendoza estaba en funciones y no estaban dadas las condiciones en el país", contestó.

"Se llevaban el libro de Caperucita Roja"

Con su testimonio de una hora y media, Elena Margarita Meraviglia volvió a poner ayer a la comisaría de Cipolletti en escena como centro de detenciones ilegales tras el golpe del 24 de marzo del 76.

La testigo resaltó la arbitrariedad de sus funcionarios, incluido los militares que actuaron en ese lugar, para llevar a cabo las privaciones de libertad y ocultarle a los familiares de las víctimas noticias de sus paraderos.

Meraviglia habló particularmente respecto de dos detenidos: Luis Genga, quien había sido su esposo y fue detenido junto a las hermanas María Cristina y Silvia Beatriz Bottinelli y Jorge Villafañe, y de Norberto Osvaldo Blanco, quien era su vecino en el complejo de las 432 Viviendas en la vecina ciudad.

Cuando la defensora Paola Rubianes le preguntó si Blanco o su esposa Silvia Barcos (que declararán hoy) le habían dicho por qué habrían detenido al primero, dijo que "él militaba en el sindicato municipal y creo que venía por ahí. Pero cualquier cosa era motivo para poner en duda a una persona, se llevaban el libro de Caperucita Roja porque era roja".

En cuanto a Blanco dijo que cuando lo fueron a buscar los uniformados, policías y militares, "se metieron hasta por la ventana y como no estaba se quedaron como una semana" para obligar a que se entregara.

lunes, 21 de mayo de 2012

El libro que compiló los casos padecidos en cautiverio

El libro "Grietas en el Silencio" compiló la investigación sobre violencia sexual en el marco del terrorismo de Estado que abordó a víctimas de la dictadura que fueron abusadas sexualmente en centros clandestinos de detención de cinco provincias diferentes.

"Constatamos en varones y mujeres que la agresión sexual fue extendida, frecuente, constante y que ocurrió en todos los centros clandestinos", dijo Susana Chiarotti, integrante del Instituto de Género, Derechos y Desarrollo y desde 2.005 integrante de comité de expertas en violencia de la OEA, durante la presentación del ejemplar la semana pasada en la ciudad de Neuquén.

El libro no se vende, y fue entregado en forma gratuita a bibliotecas populares e instituciones durante la exposición del trabajo que se llevó a cabo en la Conrado Cultural, ante un auditorio colmado.

Algunos de los capítulos, que incluye la investigación sobre jurisprudencia argentina e internacional, fueron citados en la sentencias que se dictaron en Mar del Plata en la causa Molina; y en Mendoza cuando la Cámara de Apelaciones revocó la falta de mérito de Benjamín Menéndez (noviembre del 2011) por los abusos cometidos contra los detenidos en el centro clandestino que funcionó en el Departamento de Informaciones de Mendoza (DEI).

"Si hubo cinco testigos de la violación en un centro clandestino, su desaparición o muerte no puede ser una causa de impunidad; así lo describe un instructivo de la Unidad Fiscal que se logró como parte de este trabajo", dijo Marta Vasallo, periodista que compiló y editó la investigación.

Escuelita I: La Corte confirmó las condenas del 2008

La Corte Suprema de Justicia dejó firmes las condenas a 25 años de prisión contra Oscar Lorenzo Reinhold, Mario Alberto Gómez Arenas y Luis Alberto Farías por violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura en el centro clandestino de detención denominado "La Escuelita", en la provincia de Neuquén.

El máximo tribunal rechazó un último recurso presentado por la defensa oficial de los tres exrepresores, a cargo de la defensora oficial Brenda Palucci. La resolución completa se publicó ayer en el sitio de la Corte.

La defensora había planteado una serie de nulidades, inconstitucionalidades y excepciones que ya habían sido rechazadas por la Sala Cuarta de la Cámara Federal de Casación Penal, y ahora ratificada por el máximo tribunal, con las firmas de Ricardo Lorenzetti, Elena Highton de Nolasco, Enrique Petracchi, Raúl Zaffaroni y Juan Carlos Maqueda.

En febrero de este año la sala IV de la Cámara de Casación Penal había confirmado la sentencia dictada por el Tribunal Oral Federal de Neuquén, en el juicio realizado por el secuestro de 17 personas.

Reinhold fue condenado a 25 años de prisión como "autor penalmente responsable de privación ilegal de libertad doblemente agravada por el uso de violencia y duración por más de un mes, aplicación de tormentos psíquicos y físicos agravados por resultar las víctimas perseguidos políticos, violación de domicilio y robo, asociación ilícita y coacción".

Farías fue condenado a 22 años de prisión e inhabilitación absoluta y perpetua, y Gómez Arenas a 25 años de cárcel. Los tres están imputados en la causa "La Escuelita" II.