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lunes, 1 de abril de 2013

Neuquén volvió a decir "Nunca más"

Más de 10 mil neuquinos se convocaron ayer en el centro de la ciudad a 37 años del inicio de la dictadura cívico militar y para recordar a los 30 mil desaparecidos que dejó el accionar represivo.

Neuquén > La capital de los derechos humanos volvió a salir a la calle otro 24 de marzo, con sus banderas en alto, sus manifestaciones artísticas y sus Madres de Plazo de Mayo encabezando una multitud.
Más de diez mil personas se movilizaron por Neuquén para gritar “¡Nunca más!”, la clásica consigna en repudio de la dictadura cívico-militar que comenzó el 24 de marzo de 1976. Atravesada por la coyuntura nacional, que dividió en tres a la columna de manifestantes, los discursos de los oradores sobre el Monumento a San Martín hicieron eje en exigir la aparición con vida de los desaparecidos en democracia, en repudiar el “Proyecto X” de inteligencia del gobierno nacional, reclamar el fin de la criminalización de la protesta y el rechazo a la sentencia del juicio La Escuelita II.

La concentración comenzó a las 20, donde Madres de Plaza de Mayo Filial Neuquén y Alto Valle encabezaron la columna por la avenida Argentina, acompañada por organismos de derechos humanos. Luego, una vez comenzada la movilización, se sumaron distintas columnas que se dividieron en dos, las peronistas y las de izquierda.

La organización de la marcha había dispuesto que la movilización no pase frente al Comando de la VI Brigada de Montaña y montó un pequeño operativo de seguridad sobre la calle Teniente Ibañez para que la columna gire en la esquina anterior del edificio. El Comando estaba vallado alrededor de toda su manzana y, detrás del cerco, había una veintena de policías y bomberos. Para obligar a que las columnas doblen por Ibañez y vuelvan hacia el Monumento, la organización colocó un cordón humano en la esquina que sostenía una pancarta con la consigna: “Cárcel común, perpetua y efectiva”.

Oscar Ragni, de la Corriente por los Derechos Humanos, fue el primero en hablarle a la multitud. “Somos más”, repitió emocionado. Criticó el “Proyecto X” porque, según dijo, le da “impunidad a los buchones”. Además, resaltó que la Legislatura neuquina no aprobó una comunicación al gobierno nacional para saber “quién nos persigue, a quiénes, por qué y a pedido de quién”.

Luego, Zainuco, organización de abogados por los Derechos Humanos en las cárceles neuquinas, reiteró su pedido para evitar la criminalización de la pobreza. “La dictadura sigue actuando en las cárceles a través de la represión policial”, dijo su orador.
Desde HIJOS se pidió el fin del gatillo fácil policial, al cual le adujeron más de 3 mil casos, y 300 muertos en represiones abiertas. Además, dijeron que el juicio de La Escuelita II fue un “castigo falaz, un circo judicial y una farsa de justicia”.

Fuente: La Mañana

jueves, 14 de junio de 2012

"Uno se encargaba de violarlas y golpearlas"

"La tortura era todos los días... terrible", dijo Liberatore (a la izquierda de la foto).
"Uno se encargaba de violarlas y golpearlas"

Liberatore identificó a policías de la comisaría de Cipolletti. Se investigará por homicidio los casos de seis desaparecidos.

Roberto Liberatore, de Cinco Saltos, y Silvia Bottinelli, de Cipolletti (ver aparte) describieron ayer la brutalidad de las torturas en el centro clandestino que funcionaba en los fondos del Batallón en 1976. "Había dos chicas y uno (de los captores) se encargaba de violarlas y golpearlas", describió Liberatore. La audiencia fue presenciada por los imputados -comisarios rionegrinos- Alberto Camarelli y Desiderio Penchulef, ambos nombrados por los testigos en la jornada).

En tanto, los jueces resolvieron favorablemente el pedido de la secretaría de Asamblea por los Derechos Humanos de imputarle a Mario Gómez Arena, Oscar Reinhold y Luis Farías Barrera el delito de homicidio de los desaparecidos Miguel Pincheira, José Méndez, Orlando Cancio, Javier Seminario Ramos, José Pichulmán y Celestino Aigo y remitieron los antecedentes a la fiscalía de primera instancia para su investigación.

Denegaron, por otro lado, suministrar la lista de los magistrados que tramitaron los pedidos de habeas corpus presentados por los familiares de las víctimas y el listado de esos planteos.

Liberatore era integrante de la junta interna de Indupa en 1976 y había sido expulsado luego de reclamos laborales. Lo llevaron a la comisaría de Cipolletti, donde dijo "vi a Camarelli entrar y salir de las oficinas, estaba de civil". Destacó que "las primeras piñas las recibí en la cabeza" y también individualizó entre los policías a Miguel Quiñones.

De ahí lo llevaron a "La Escuelita", vendado y esposado. "Allí me golpeaban y me tiraban al piso mientras todos se reían. Por la mañana me molían a golpes y por la tarde, venía la picana. En la noche me impedían dormir con descargas eléctricas continuas en la cabeza, que me trabaron la mandíbula. Así era todos los días". Añadió que "me pateaban en los testículos cada vez que pedía ir al baño. Al lado mío había dos mujeres y uno se encargaba de violarlas y de golpearlas".

Consultado porqué no lo había declarado antes dijo que ya había hablado de las dos mujeres "y era obvio lo que pasaba al lado mío".

Aseguró que aún tenia marcas en la espalda, de una vez que fue colgado del techo, en los tobillos y durante mucho tiempo las tuvo en las manos "porque las esposas habían llegado al hueso. No podía ver, tenía infecciones y cortes en todo el cuerpo; me habían reventado los dedos de los pies una vez que me intenté levantar, cuando uno me decía que iba a lastimar a mi familia", dijo.

Los Valles
Lesiones en el cuerpo y el cerebro

Silvia Bottinelli era la pareja de Luis Genga -quien declaró el miércoles- cuando lo secuestraron junto a éste, su hermana María Cristina y Jorge Villafañe, de una cena que compartían en su casa en Cipolletti los primeros días de septiembre.

Su hermana falleció en 2009, exiliada, "a la espera de este juicio. Cuando volví a verla -después de haber sido torturadas en La Escuelita´ tenía tres lesiones cerebrales, y no se terminó nunca de componer. La parálisis facial se fue arreglando con tratamiento, pero le quedó una mueca en su boca. En el 2000, por orden médica, no podía volar en avión porque la altura le iba a afectar las lesiones cerebrales que padecía", describió Silvia.

Cuando volvió a ver a Genga -que fue liberado dos días después que ella- dijo que "no podía levantar los brazos, tenía escaras en la piel, la nariz despellejada, estaba muy golpeado",

Relató que cuanto fue dejada en libertad fue a la comisaría de Cipolletti a retirar el hábeas corpus que sus padres habían presentado entre las gestiones de búsqueda. "Nos recibió Camarelli, quien nos dijo que para otra vez no se vayan sin avisarles a sus padres, que han venido de viaje", como una cruel ironía del comisario.

Ragni: "Homicidio no"

Los Valles

NEUQUÉN (AN).- El matrimonio de Inés y Oscar Ragni fustigó duramente la pretensión de la querella de la Apdh de que se condene por homicidio a los responsables de las desapariciones forzadas en el juicio por los delitos ocurridos durante la dictadura en el Alto Valle. Exigieron a los jueces que no den por muertos a los desaparecidos.

En una carta abierta al Tribunal Oral Federal que fue leída durante la audiencia por la querella del Ceprodh, los Ragni, en su condición de querellantes exigieron que "sea mantenida la condición de desaparecido para todas las víctimas del terrorismo de Estado cuya situación aún no fue debidamente aclarada; hasta saber definitivamente -y con pruebas irrefutables- cuál fue el itinerario, y quién lo determinó en cada paso, de todos los compañeros /as por los que aún no hay respuestas".

En duros conceptos, consideraron el planteo de homicidio como "una nueva embestida de intento de olvido o punto final". Fue la Apdh la que pidió a los jueces que se condene por homicidio a los jefes militares, Oscar Lorenzo Reinhold, Mario Gómez Arenas y Luis Farías Barrera, con el argumento de que los seis desaparecidos en este tramo del juicio fueron asesinados tras el secuestro y la tortura.

Hasta ahora la acusación contra los imputados es de privación ilegal de la libertad agravada y tormentos agravados.

"No debe desaparecer la palabra desaparición, si está muerto, no lo puedo decir, no me han dicho dónde está y quién lo mató, hasta que no llegue ese punto, para nosotros va a seguir igual", dijo Inés Ragni.

Para Oscar Ragni, "la Apdh está respondiendo al poder político en este momento", en tanto consideró que para el poder político "es el estigma más grande que tiene desde el 24 de marzo de 1976; hemos asumido la representación de los 30.000 desaparecidos y desaparecidas, no están muertos, están desaparecidos y alguien tiene que dar respuesta a esto", dijo.

Recordaron que en el caso de su hijo Oscar Alfredo –secuestrado y desparecido el 23 de diciembre de 1976– "los responsables fueron enjuiciados y condenados en la primera parte de este juicio, pero la condición de desaparecido no ha tenido variantes por la condena, y no habrá cambios que respondan a la verdad con la declaración de homicidio", cuestionaron en la carta pública al tribunal leída por el Ceprodh en la audiencia. "No reclamamos cadáveres. Afirmar que calificando la desaparición como homicidio se agilizan los juicios o se obtiene una mayor condena, resulta reducir la búsqueda de la verdad, será un acto de complicidad", postularon.

miércoles, 13 de junio de 2012

"Que se mantenga viva la memoria"

Era secretario general del gremio docente en Río Negro y daba clases en la UNC.

Luis Genga fue secuestrado en Cipolletti junto con su pareja y duramente torturado.

NEUQUÉN (AN).- "Esperé mucho tiempo este momento y no estoy aquí ni por un resarcimiento económico ni por venganza, sino para que se mantenga viva la memoria. Porque estos hechos sucedieron y no tienen que suceder nunca más. Señores jueces, hagan justicia", dijo Luis Alfredo Miguel Genga para cerrar el testimonio que dio ayer en la audiencia por el juicio oral contra 22 imputados de delitos de lesa humanidad, cometidos en la última dictadura militar.

Pareció quebrarse la voz de Genga en el epílogo del contundente relato sobre su detención y las crueles torturas a que fue sometido en el centro clandestino del Batallón 181, a donde fue llevado junto a su pareja Silvia Beatriz Botinelli, la hermana de ésta María Cristina y Jorge Villafañe.

Como docente era director y daba clases en una escuela rural de Cipolletti cuando fue secuestrado, por su presunta vinculación a la subversión. Su condición de secretario general del gremio de los maestros rionegrinos fue el tema recurrente, dijo, en los interrogatorios que le hacían bajo torturas aberrantes.

"Un día me torturaban a golpes, en todo el cuerpo, y el otro lo dejaban para que me recuperara. Un día en medio la tortura vino alguien que me puso la pistola en la boca y me dijo: 'Vos mataste a mi hermano, vos tenés que morir ya'".

"Me apretaron tan fuerte la venda en los ojos, que no me sacaron a lo largo de mi secuestro –unos diez días–, que quitármela cuando me dejaron en Barda del Medio se salieron pedazos de piel", señaló.

Añadió que producto de los golpes y durísimo tratamiento que recibió durante el secuestro, cuando lo abandonaron, de noche, casi no podía caminar, que no veía y que apenas distinguía luces. En condiciones deplorables volvió a Cipolletti y se reencontró con las hermanas Botinelli.

Conmovió cuando contó que a España fue visitarlo Cristina, quien aún tenía las marcas de la tortura en su rostro: "Cristina murió el año pasado, en el exilio, en México. Estoy seguro de que hubiera querido con toda el alma estar presente hoy aquí, para pedir justicia, la que pido yo, la que pedimos todos".

Tras el relato ante los jueces en rueda de prensa dijo que "me dolieron mucho los golpes, la tortura fue terrible, pero tanto como eso me dolió el exilio, no estar en mi país, con mi gente".

Stella Maris Sosa, maestra en la escuela que trabajaba Genga, relató el violento accionar de quienes, al mando del teniente Gustavo Vitón, allanaron el edificio cuando fueron a buscarlo.

Para hoy está previsto que declare, entre otros, Francisco Tomasevich, quien vive en Suecia, donde se exilió cuando después de su secuestro en Cutral Co le permitieron salir del país.

miércoles, 6 de junio de 2012

"La escuelita" II "A algunos se los llevaron por estar mirando"

La resistencia a ser trasladados del asentamiento ubicado en el acceso a Neuquén fue la antesala a las desapariciones en 1976, explicaron los familiares de Javier Seminario Ramos.
 
La resistencia de los vecinos del barrio Sapere a ser reubicados en el otro extremo de la capital fue la antesala a las desapariciones de la militancia barrial después del golpe militar de 1976, revelaron ayer en el juicio los familiares del desaparecido Javier Seminario Ramos.

"A algunos se los llevaron por estar mirando y a otros porque los tenían marcados", explicó Lucía Jara de Cantero, suegra de Javier Seminario Ramos, al detallar los allanamientos y secuestros en 1975, cuando se llevaron, entre otros, a Javier Seminario, uno de los seis desaparecidos por los que se realiza este juicio.

El 24 de marzo de 1976, Seminario seguía en la cárcel por los hechos de Sapere.

Su mujer, Graciela Cantero, que lo veía a diario en la exalcaidía, lo pudo visitar en la U9 dos veces por semana luego del golpe. En agosto lo vio por última vez. Extremadamente flaco, triste y con signos de haber sido torturado. En noviembre fue retirado por el mayor Luis Alberto Farías Barrera de la cárcel de Rawson, adonde había sido trasladado en septiembre. Nunca más se supo de Javier Seminario.

"Lo fuimos a visitar y nos dijeron que no estaba, perdimos contacto con él y nos enteramos de que estaba en (la cárcel de) Roca, allí nos dijeron que no lo podíamos ver, que lo habían trasladado a Neuquén. Volvimos a la U9 donde nos dijeron que ya no lo tenían, que fuéramos al Comando y allá el mayor Farías nos dijo que estaba en Rawson y no supe más", describió Graciela Cantero.

Su madre, Lucía Jara de Cantero (que vivía con la pareja) detalló que en 1975 hubo dos operativos en los que actuó la Policía de la provincia, con la Federal y el Ejército. Aseguró que los operativos fueron realizados porque los habitantes del barrio se resistían a ser reubicados, ya que el gobierno de Felipe Sapag "no quería una villa en la entrada de Neuquén, querían un barrio residencial y poner un casino. Después de ir a la Gobernación nos prometieron los terrenos y cuando conseguimos las casas, quisieron poner a otros vecinos", detalló.

En el primer operativo "se llevaron a Graciela, a Seminario y a mí; nos llevaron a la Federal, pero como no había nada legal, el abogado fue y nos sacaron al mediodía. Ese día el único que no volvió fue Cancio (por Orlando Cancio, otro de los desaparecidos de Sapere). El segundo (operativo) fue por la noche al otro día. Íbamos al trabajo -hasta el correo- , nos levantó la policía cerca del puente y nos llevaron a la comisaría; me preguntaron por Seminario y les dije que estaba en la casa, de allí se lo llevaron", dijo Lucia.

Lucía Jara explicó que estuvo 9 meses en la cárcel junto con las vecinas Nelly Curimán y Josefina Cortés. "Sentía cómo le pegaban (a Seminario) en el pasillo de la comisaría. Yo no lo vi hasta el 10 de mayo (de 1976), lo fui a ver una vez; pero como yo había tenido PEN (a disposición del Poder Ejecutivo Nacional), no me permitieron verlo más. En noviembre salió en el diario que le habían dado la libertad a Seminario, Cancio, (José Francisco) Pichulmán y (José Delineo) Méndez; los esperamos, pero no llegaron más", describió.

Detalló que por Seminario "hice presentaciones en la OEA, en la embajada de Perú -Seminario era peruano- cuando no lo localizábamos. Graciela iba siempre al Comando, pero nunca le dieron una buena noticia".

Explicó que los allanamientos de Sapere se produjeron "porque nos querían desalojar, todos nos hicimos fuertes para no salir del lugar que teníamos".

También declaró el ex soldado Daniel Guillermo Zapata, quien testificó sobre la existencia de "La Escuelita", en el fondo del Batallón 181.

 La querella del Ceprodh pidió que se investigue el falso testimonio del comisario retirado de la policía de la provincia, Alejandro Rojas. Al término de su declaración, una mujer fue retirada de la audiencia cuando increpaba al testigo.

Rojas ya era comisario cuando participó en Sapere "de apoyo para gente de civil" -que dijo no saber siquiera a quiénes respondían- en los operativos que se llevaron a cabo en el barrio en 1975; pero fue notorio que no quiso validar ni sus propias declaraciones que había hecho ante la justicia en 1985, ni en el juzgado del ex juez federal Guillermo Labate en 2008, ni siquiera respaldó sus dichos en el anterior juicio, en el que también había sido convocado como testigo. "No dije que hubiera detenciones en Sapere", insistió. No se quiso acordar de que había dicho antes que la detención del vecino José Francisco Pichulmán -luego desaparecido- "había sido una cama", ni que le habían retirado material de la casa de Javier Seminario Ramos como "la Estrella Roja". "Me habré equivocado, no recuerdo, pido disculpas", fueron las frases recurrentes.

El pedido de la querella fue respaldado por la fiscalía.
Al término de su declaración, una mujer fue retirada de entre el público y se le retiró la acreditación, debido a que lo increpó como "asesino", "cómplice" y le enrostró a viva voz el cántico de los hijos de desaparecidos "a donde vayan, los iremos a buscar".

Graciela Cantero detalló que cuando visitó a su pareja Javier Seminario Ramos en la U9, "estaba triste y muy mal porque lo golpeaban, me dijo que tenía miedo porque lo iban a matar".

La mujer, que sigue viviendo en la misma casa que entonces, detalló que Seminario no quería hablar de sus padecimientos, aunque le relató que "le decían que dijera cosas que él no era, me dijo que lo habían picaneado también. Se sentía muy mal porque lo golpeaban".

La última vez que lo vio fue en la cárcel "a fines de julio o principios de agosto" de 1976. En diciembre de 1976, cuando lo buscaba sin tener otras novedades más que había sido trasladado a los penales de Roca y a Rawson; el mayor Farías Barrera, desde el Comando, "me dijo que a él lo habían dejado libre y me mostró un papel que tenía su firma. Fui muchas veces más a verlo porque no llegaba y una vez me metieron en un salón gigante donde me tuvieron toda una tarde y (Oscar) Reinhold (del destacamento de Inteligencia) se paraba al lado mío, me miraba; se ponía la mano en la cintura y me miraba, tenía miedo por estar ahí sola, pensé que también me iban a secuestrar o matar, pero no me dijeron nada hasta que me fui", recordó.

martes, 5 de junio de 2012

Cuando el horror llegó a Sapere

Javier Seminario es uno de los tres militantes barriales que aún continúan desaparecidos, cuyos casos se tratarán en las audiencias de hoy y mañana.
   
Familiares y amigos de de Javier Seminario Ramos, José Francisco Pichulmán y Celestino Aigo declararán en el juicio. (Agustin Martinez) -

Las otras víctimas, José Francisco Pichulmán y Celestino Aigo, fueron secuestradas de sus casas el 22 de agosto de 1976.
 
“No vale la pena, me van a matar igual”, le dijo con la voz entrecortada Javier Seminario Ramos a Eduardo Buamscha en la cárcel de Rawson, Chubut, cuando el ex legislador peronista intentaba conseguir algunos elementos necesarios para los detenidos.
Seminario –quien continúa desaparecido- había sido brutalmente torturado en el centro clandestino de detención La Escuelita que funcionaba al fondo del Batallón de Ingenieros 181 ubicado sobre la Ruta 22 de Neuquén. Hasta allí había llegado después de haber pasado por diferentes penales tras ser detenido el 20 de agosto de 1975 en su casa por fuerzas policiales provinciales y federales, cuando se encontraba con su mujer y su hija de 3 años.
Buamscha afirmó en su declaración del 26 de abril pasado en el Salón AMUC donde se presentó como testigo del secuestro de Carlos Kristensen, que Seminario “siempre estuvo preocupado por la famosa tortura de La Escuelita de Neuquén, porque lo destrozaron, estaba muy deprimido, con la absoluta seguridad que eso sabía qué le iba a pasar y eso lo van a decir varios de los que estuvimos presos juntos”.
También Buamscha afirmó en su presentación ante el Tribunal que preside Orlando Coscia que Seminario volvió de una sesión de torturas “destrozado” y calificó la situación como “indescriptible”. Aseguró que tenía secuelas de haber sido golpeado con violencia y le alcanzó a decir que “lo habían colgado y picaneado”.

Seminario, nacido en Perú, había llegado al país en 1969 para estudiar Ingeniería en la Universidad de Neuquén. De acuerdo a la información incluída en la causa, había participado de los conflictos por la nacionalización de la casa de estudios. Vivía en el barrio de Sapere donde era militante vecinal.
El 21 de agosto de 1975 fue detenido y liberado al día siguiente, pero tres días más tarde, el 25, el Poder Ejecutivo Nacional dispuso su arresto. La noche del 26, Seminario de 27 años es arrestado en su domicilio junto a Lucía Cantero, madre de su concubina Rita Graciela Cantero y la cuñada de ésta, Nelly Curimán. El joven fue alojado en la Delegación Neuquén de la Policía Federal y luego remitido a la Alcaidía local.
Tres días después de producirse el golpe de Estado, Seminario, quien por entonces tenía 28 años, es trasladado a la U9. Allí permaneció unos cinco meses, hasta que el mayor Oscar Lorenzo Reinhold dispuso que Seminario como Orlando Cancio sean entregados al sargento primero del Destacamento de Inteligencia 182, Julio Francisco Oviedo y conducidos al centro clandestino de detención La Escuelita. Seminario fue identificado por Pedro Maidana, quien había sido secuestrado en el Operativo Cutral Co.
Durante su cautiverio, permaneció vendado, encadenado a una cama y fue víctima de tormentos durante más de 20 días, reconocido por Carlos Kristensen, Pedro Rodríguez y Buamscha.

A fines de agosto de 1976, el general José Luis Sexton, ordenó su traslado junto a Miguel Ángel Pincheira y Cancio a la U5 de General Roca, bajo la custodia del sargento ayudante Enrique Casagrande, del Destacamento de Inteligencia 182. Después de unas semanas, lo llevaron a la U6 de Rawson, donde estuvo alojado con José Delineo Méndez, Cancio y Pincheira.
El 3 de noviembre de 1976 los cuatro fueron retirados de sus celdas y entregados al Jefe de Personal del Comando de la Sexta Brigada Luis Alberto Farías Barrera para ser trasladados al Quinto Cuerpo del Ejército, y desde entonces están desaparecidos.

 
Testigos podrían aportar información
En la audiencia que se realiza hoy a partir de las 9 en el Salón de AMUC serán tratados el secuestro y desaparición de tres militantes barriales.

Luego de una semana de descanso, las audiencias en el juicio por delitos de lesa humanidad contra 23 represores de la región que desde el 28 de marzo lleva adelante el Tribunal Oral Federal, se retomarán hoy, a partir de las 9, en el Salón de AMUC con la declaración de Luis Fonderbrider, miembro del Equipo de Antropología Forense.
El testigo aportará datos sobre las investigaciones a nivel nacional que llevó adelante este grupo de peritos creado en 1986. En su primera actuación ante el Tribunal Oral Federal de Bahía Blanca informaron que encontraron un cadáver de una mujer de quien pudieron demostrar que estaba embarazada.
Más tarde llegarán a la sala Graciela Cantero y Lucia Jara Cantero, esposa y suegra del desaparecido Javier Seminario.
Por la tarde está previsto que declare Alejandro Rojas, quien fue comisario de la Policía de Neuquén y estuvo presente en la detención de Seminario en 1975.
Las querellas esperan que este testigo pueda sumar “interesantes” detalles de ese episodio.
Luego será el turno de Daniel Zapata, ex conscripto quien realizó el servicio militar en el Batallón en 1978, y Victorino Segundo Pichulmán, hermano de José Francisco.
 
Era uno de los más castigados

En su libro “Buscados”, la dirigente de la Asamblea por los Derechos Humanos (APDH) Noemí Labrune reproduce un testimonio de Carlos Kristensen que refleja “una imagen lacerante” de Javier Seminario. Kristensen señaló en esa declaración que Seminario le había dicho que durante los quince días que permaneció en la U9 de Neuquén capital, desde principios de agosto de 1976, siempre estuvo con los ojos vendados y esposado a una especie de camastro. Seminario le contó que “en ese lapso fue sometido a numerosas sesiones de torturas y a interrogatorios, durante los cuales perdía toda noción de tiempo y de espacio, permaneciendo inconsciente. Agregó que cuando fue devuelto al penal, esta vez de General Roca, no podía pararse y caminaba en cuatro patas. También debieron enseñarle nuevamente a comer”.
Pedro Maidana confirmó que Seminario y Cancio eran “a quienes castigaban más brutalmente y fueron sacados a sesiones de tortura más veces”.
Labrune señala que "las sesiones de tortura no tenían por objeto la reunión de información, ni siquiera la disuasión, puesto que serían asesinados poco tiempo después”.

domingo, 3 de junio de 2012

"Trato de recuperar la imagen de mi viejo".

"Hasta el día de hoy me cuesta asumir que soy parte de la vida de mi papá. Es como que no me pasó a mí. Intento que no se me caigan las pocas cosas que tengo para atarme a la vida de él: las cartas, la familia… Lo encuentro en esas líneas de sus cartas, o en comentarios que por ahí son muy triviales, pero muy necesarios, porque es a través de los cuales trato de recuperar la imagen de mi viejo. Yo era muy chico cuando se lo llevaron".

Juan Manuel es hijo de Miguel Ángel Pincheira, una de las 17 personas detenidas en el denominado operativo Cutral Co, del 12 al 15 de junio de 1976. Lo tuvieron secuestrado en "La Escuelita" de esta ciudad y en "La Escuelita" de Bahía Blanca, pasó por la U9 de Neuquén, la U5 de Roca y la U6 de Rawson. De esta última lo sacaron junto a otros seis detenidos la siesta del 3 de noviembre de 1976, y no se volvieron a tener noticias de él.

Las cartas a las que aludió Juan son las tres que escribió su padre a su mujer, Juana, desde el penal de Rawson. Y en ellas se inspiró en parte para diseñar –es arquitecto– el monumento a las víctimas del aquel operativo que se construyó en el límite de Cutral Co y Plaza Huincul.

El caso de Miguel se ventila en el juicio que se desarrolla por estos días, con 22 acusados. Sobre las sensaciones que le generan las audiencias, dijo que los acusados le provocan "la misma impresión de hace cuatro años en el primer juicio. El tiempo los ha convertido en lo que son, unos decrépitos, pero siguen siendo los mismos genocidas que hicieron lo que hicieron. Y da bronca que tengan las garantías de no asistir a las audiencias".

Señaló que así como siente impotencia también tiene "la misma esperanza de que en algún momento alguno de ellos diga cuál fue el destino final de los desaparecidos. Me cuesta expresar en palabras lo que siento cuando no reconocen nada de lo que hicieron. Es incomprensible, están todas las pruebas que los inculpan y que no asumen la responsabilidad de lo que hicieron".

Preguntado si tiene la expectativa de que puedan cambiar esa actitud, señaló que "de alguna manera los altos manera los altos mandos han reconocido que los desaparecidos fueron asesinados, tal los casos de Videla, Balza. A partir de eso es que uno tiene la expectativa de que puedan dar alguna pista o que se conozca alguna lista de víctimas, que es una de los objetivos que se busca".

En este juicio Molina Ezcurra, uno de los ya condenados y acusado ahora también, acusó a Balza de haber mandado a quemar documentación de represión.

"La expectativa es que revelen datos. No creo que por ejemplo en el caso mío digan 'a tu viejo lo tiramos en el Río de la Plata, en un vuelo de la muerte, con tales personas', pero por lo menos que digan el destino final. Ojalá que se de eso", comentó.

martes, 29 de mayo de 2012

Más pruebas contra los imputados.

Con las declaraciones brindadas la semana pasada por los testigos hubo significativos avances sobre los hechos ocurridos dentro de la Comisaría 4ª de Cipolletti y en el Operativo Cutral Co.
 
Por GEORGINA GONZALES
También fueron relevantes los testimonios del ex fiscal federal de Bahía Blanca Hugo Cañón y de Stella Segado, quien trabajó en la elaboración del archivo de la Conadep.

Neuquén - Las audiencias del juicio oral y público contra 24 represores acusados de violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura en la región se reanudaron el martes con la declaración de Luis Guillermo Almarza Arancibia, quien fue detenido en Plaza Huincul el 15 de junio de 1976. Su declaración evidenció una vez más los fuertes tormentos que sufrieron los detenidos en la Comisaría Nº14 de Cutral Co, cuyo jefe era el comisario Héctor Mendoza (extraditado desde Paraguay en el marco de la causa en la que se investigan delitos de lesa humanidad pero que no está imputado en este tramo).

Almarza recordó que en esa dependencia policial lo tiraron al piso, boca abajo, le pisaron la espalda, le saltaron encima y por último lo dieron vuelta para continuar golpeándolo en la parte frontal de su cuerpo. Pero ese fue sólo el inicio de su derrotero carcelario. Lo trasladaron al distrito militar que funcionaba en la esquina de Perito Moreno y Olascoaga, a la U9, al Comando de la VI Brigada de Infantería de Montaña y, en varias oportunidades, a la Policía Federal. También a la U6 de Rawson y a la U9 de La Plata hasta conseguir la libertad en 1980 que le permitió exiliarse en Bélgica.

Esta víctima fue además uno de los últimos en ver a cuatro de las personas que permanecen desaparecidas. Recordó que un día de noviembre de 1976, los detenidos Osvaldo Cancio, Javier Seminario, Miguel Ángel Pincheira y Sergio Méndez fueron sacados de sus celdas en Rawson en medio de un gran movimiento. Después le avisan que los diarios hablaban de que habían sido dejados en libertad.

Emiliano del Carmen Cantillana, detenido en la madrugada del 15 de junio de 1976 por parte de fuerzas del Ejército en Plaza Huincul, también relató los tormentos sufridos en la comisaría de Cutral Co identificando a Mendoza.

Confirmación
Los nombres de los imputados que más resonaron durante las audiencias fueron los de Miguel Ángel Quiñones, quien se desempeñaba por entonces como oficial de la Comisaría Cuarta de Cipolletti; Gustavo Vitón, asignado a la jefatura de esa dependencia policial, y Antonio Camarelli, jefe de la dependencia policial de la ciudad rionegrina.

Los vejámenes sufridos por los detenidos en la comisaría cipoleña siguieron siendo reflejados durante el testimonio de Elena Meraviglia.

Por el secuestro de su ex esposo Luis Genga, la mujer relató que en varias ocasiones se entrevistó con Camarelli, quien nunca le brindó precisiones sobre el destino de, en ese entonces, secretario General del gremio docente rionegrino, UNTER. Junto con Genga habían sido detenidos María y Silvia Botinelli y Jorge Villafañe. Recordó la detención dentro de su domicilio de otras de las víctimas de este juicio, Silvia Barco.

Casa tomada
El matrimonio Blanco también pudo declarar para disparar directamente sobre las responsabilidades de la Policía de Río Negro en sus detenciones ilegales.

Quiñones, Vitón y Camarelli fueron los apellidos que volvieron a retumbar en la sala. Norberto Blanco, detenido en marzo y en agosto de 1976, dijo que en los últimos años “se intentó minimizar la responsabilidad de la Policía de Río Negro”. “Si bien yo no sufrí tormentos en la Comisaría de Cipolletti, sí fue Quiñones el que allanó mi casa, el que detuvo a mi hermano, el que me llevó al Batallón donde me torturaron”, destacó. Su mujer, Silvia Barco ubicó a Quiñones y Vitón como los responsables del allanamiento de su vivienda y la permanencia de varios oficiales en su casa quienes exhibían sus armas a sus dos hijos, de 3 y 4 años. “Los dos oficiales con capacidad de tomar decisiones, de comando eran Vitón y Quiñones”, afirmó.

Remordimientos
Jorge Luis Cassolini, comisario retirado de la Policía de Neuquén, reveló que el operativo represivo en Cutral Co, donde se detuvo a estudiantes y militantes de partidos políticos, fue conducido por el Jefe de Inteligencia de la Sexta Brigada, Oscar Lorenzo Reinhold.

El testigo, quien se desempeñaba en el Departamento de Informaciones de la Policía provincial, declaró que en junio fue enviado con su jefe, comisario René Poblet, a Cutral Co “para quedar a las órdenes del Ejército”.

Admitió que conoció a Enrique Casagrande, Eduardo Molina Ezcurra, quienes trabajaban en Inteligencia del Ejército, y al ex agente Raúl Guglielminetti. Afirmó que detuvieron entre 10 y 15 personas y que todos estaban esposados.

También se empezó a profundizar el caso del único detenido de "La Escuelita" que logró fugarse -Hugo Obed Inostroza- a través de la declaración de un ex compañero de trabajo, el albañil Sergio Larenas Bascuñan.

El testigo confirmó que el secuestro de Inostroza, el 26 de agosto de 1976 en su vivienda de la calle Manuel Estrada de Plottier, fue realizada "en forma violenta" por los militares.

Homicidios
Las declaraciones del ex fiscal federal de Bahía Blanca Hugo Cañón, quien estuvo a cargo de las investigaciones de delitos de lesa humanidad en esa ciudad, y de Stella Segado, ex Directora Nacional del Archivo de la Conadep, sirvieron de puente para que la querella de la APDH solicitara al tribunal que las desapariciones sean juzgadas como homicidios.

Las pruebas compartidas por los especialistas condujeron a decir que los desaparecidos fueron asesinados y la APDH quiere que se juzgue a los responsables, postura apoyada por la querella de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y repudiada por las abogadas del Ceprodh.

jueves, 24 de mayo de 2012

Coinciden en que "fueron asesinados"

El testimonio del fiscal federal Hugo Cañón y de la secretaria de Derechos Humanos del ministerio de Defensa, Miriam Stella Segado, fueron coincidentes en que los casos probados de desaparición forzada durante la dictadura involucraban el asesinato de los que habían sido detenidos durante la dictadura militar y no se conocía luego su destino.

Ambos fueron convocados por la querella de la APDH para sustentar su argumentación de pedir que se juzgue por homicidio a los jefes militares de la zona.

El querellante Juan Cruz Goñi, también convocó a Néstor Rojas, un sobreviviente del régimen militar quien dio testimonio de cómo desaparecían y eran muertos los detenidos en los "pabellones de la muerte, 1 y 2" en la U9 de La Plata. El testigo señaló casos que como los de Orlando Cancio, Javier Seminario Ramos, Miguel Pincheira y José Méndez, fueron "puestos en libertad" desde el penal, y desde allí nada más se supo de ellos.

Segado discriminó que existen "más de 2.000 expedientes" en el país (documentados en el ministerio de Defensa) con la historia de desaparecidos bajo la modalidad de retirarlos como liberados PEN (a disposición del Poder Ejecutivo Nacional) de las cárceles comunes. Cifró en más de 14.000 las denuncias existentes por desapariciones en el país -muchas de esas denuncias contienen a más de un desaparecido, aclaró-, y dijo que había 5.000 registros de "ejecuciones sumarias" que no fueron catalogadas inicialmente como desapariciones; a lo que dijo que había que contabilizar las desapariciones de niños nacidos en cautiverio, que las Madres de Plaza de Mayo cifran en 500. El fiscal Cañón describió que la desaparición forzada incluía muertes de personas que eran arrojadas al mar, el asesinato con un balazo en la cabeza y luego arrojados en fosa común como NN, la escenificación de un enfrentamiento -en cuyo caso el cadáver del secuestrado aparecía en la vía pública-, la incineración de cadáveres, entre otros.

Los Valles - El que se escapó del centro

Un docente de Plottier, Raúl Lagos, detalló ayer cómo fue el secuestro de Hugo Inostroza Melo, el que se escapó de la tortura en "La Escuelita" en agosto de 1976.

"Me impactó la imagen de un niño de unos 8 ó 9 años que intentó evitar que se lo llevaran, se aferró a sus piernas, y como no pudo evitarlo, se quedó tirándole piedras al auto", dijo ayer.

Lagos no conocía a Inostroza Melo, pero vivía en la misma cuadra.

Describió cómo un auto grande se metió en contramano por la calle Manuel Estrada al 200, se detuvo, cuatro civiles armados bajaron del auto de un color claro, se bajaron en una casa de donde se llevaron a una persona "que lo llevaban a la fuerza".

"Después supe que era de apellido Inostroza y alquilaba allí", dijo Lagos.

Inostroza vive actualmente en España y solicitó declarar por teleconferencia desde Madrid.

Estudiantes en el juicio
Estudiantes del Instituto de Formación Docente Continua (IFDC) de Luis Beltrán, participaron ayer de las dos jornadas de audiencia en el juicio en el que se ventilan los delitos cometidos durante la dictadura militar.

Alumnos de Magisterio, Historia y Geografía escucharon los testimonios de los policías retirados Jorge Cassolini y Amador Luengo; luego al vecino de Plottier que fue testigo del secuestro de Hugo Inostroza, Raúl Lagos, y aguardaban conocer los detalles de los ataques que sufrió la familia Blanco y Silvia Barcos, que dictará un seminario sobre "políticas educativas" en el IFDC beltranense.

Víctimas involucraron a la policía rionegrina

Declaró el matrimonio Blanco. - Incriminaron al exagente Quiñones de Cipolletti.

Norberto Blanco y su esposa Silvia Barco relataron con crudeza los sometimientos físicos y psíquicos a los que fueron sometidos cuando el 24 de marzo del 76 fuerzas policiales de Río Negro y del Ejército irrumpieron con violencia en su departamento en Cipolletti. Blanco no estaba y lo fueron a detener al municipio donde trabajaba, pero como minutos antes se habían llevado a su hermano, se escapó y ocultó.

Para obligarlo a que se entregara, efectivos policiales tomaron de rehén a su esposa -embarazada de siete meses- e hijos, ocupando la vivienda una semana hasta que lograron el objetivo: Blanco se entregó en la comisaría Cuarta y desde allí fue llevado al Batallón 181 de esta ciudad.

En agosto lo secuestraron en esta ciudad, lo llevaron a La Escuelita, donde fue torturado con picana eléctrica.

De esos y otros episodios ambos incriminaron al expolicía rionegrino Miguel Ángel Quiñones y le atribuyeron un rol protagónico en las peripecias de todo orden que debieron atravesar.

"Cuando me entregué en la comisaría me atendió el teniente (Gustavo) Vitón y estaba Quiñones", dijo Blanco.

"Quiñones allanó mi casa y ordenó la permanencia de los efectivos en el interior. Tenía poder de mando y me recibía en la comisaría cuando iba a preguntar por qué habían detenido a mi esposo", señaló Barco.

Blanco remarcó: "Quiñones me detuvo en agosto y me llevó a La Escuelita. Un informe de ´Río Negro' intentó legitimar el accionar de la policía rionegrina e involucró intencionalmente a mi esposa, aunque después ante el reclamo se publicó que había sido un error involuntario. Pero la Policía de Río Negro fue responsable".

Norberto Blanco era militante del Partido Comunista -al que al año renunció por que ésta fuerza apoyó el golpe militar- y del sindicato municipal;su esposa era docente, integraba el centro de estudiantes del Instituto de Formación Docente y el gremio Unter. "Nuestras actividades eran transparentes, públicas, ejercidas en el marco del estado de derecho", dijo la mujer de Blanco.

El hombre dijo que había optado por entregarse porque -en momento que estaba oculto- su hermano se lo aconsejó "porque si me encontraban en la calle me iban a matar y porque sabía lo que estaba sufriendo mi familia"

Blanco agregó que, como consecuencia de las detenciones "me tuve que ir a Buenos Aires. Sin trabajo, sin casa, sin muebles. Me torturaron, me picanearon, pero eso no influyó en mi físico ni en mi espíritu... Sí que me humillaron". Por su lado, Barco relató que cuando en un patrullero la llevaron a ver un ginecólogo, el doctor Villagra -no recordó el nombre- "no me quiso atender. Me dijo que no atendía guerrilleros".

miércoles, 23 de mayo de 2012

Causa "la escuelita" II. Vieron a Guglielminetti en asambleas obreras

Sergio Méndez Saavedra es un obrero de la construcción -jubilado- que fue secuestrado en Cutral Co en 1976, brutalmente golpeado en la comisaría de la localidad y torturado hasta perder el oído en el centro clandestino "la Escuelita" de Neuquén, en una segunda detención.

Aseguró que Raúl Guglielminetti -civil de Inteligencia imputado en este juicio- era uno de los que intervenía en las asambleas obreras de El Chocón antes del golpe.

El juicio en el que se debaten delitos de lesa humanidad continuó esta semana con testimonios de víctimas del "Operativo Cutral Co", cuando una docena de militantes gremiales, adolescentes y jóvenes que adherían al PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) fueron secuestrados de la comarca petrolera en junio de 1976. Varios de los detenidos en aquel procedimiento están desaparecidos.

Según se escuchó en las últimas tres audiencias, el centro de Cutral Co y las escuelas secundarias de Huincul fueron "rodeados" por soldados para que militares y oficiales de la policía neuquina llevaran a cabo los secuestros junto con personal de Inteligencia del Ejército, en tanto la comisaría fue utilizada para el interrogatorio bajo tormentos de los detenidos.

"Golpearon la puerta y como estaban armados, les abrí; le pusieron una pistola en la cabeza a mi esposa mientras pateaban a mis hijos más pequeños que no querían que me llevaran. Estaban encapuchados, armados y vestidos de civil", describió Méndez Saavedra, secuestrado violentamente en junio y luego en septiembre de 1976.

Agregó que cuando lo llevaron afuera de su casa, en uno de los Falcon vio a Carlos Chávez -militante del PRT desaparecido- que "iba más muerto que vivo" por la paliza a la que había sido sometido; en tanto describió que le vendaron los ojos para meterlo a una oficina de la comisaría de Cutral Co, donde fue duramente castigado con patadas, golpes y culatazos.

Agregó que allí pudo advertir que estaban Pedro Maidana y Francisco Tomasevich, mientras que el traslado a Neuquén en un camión celular quedó en la U9, donde fue testigo de que Guillermo Almarza -que estaba encarcelado- volvió destrozado y con los oídos sangrantes, tras ser sacado del lugar.

Méndez Saavedra dijo adherir al PRT "pero nunca fui violento, ni llevé un arma en mi cintura".

En una segunda detención, padeció torturas en los 20 días que estuvo en "La Escuelita" de Neuquén, cuando escuchó la presencia allí de los cutralquenses Raúl Metz y Graciela Romero de Metz, embarazada.

Dramático relato sobre las secuelas de la tortura

Cuando lo secuestraron en 1976, Luis Almarza recibió 57 golpes desde la nuca hasta al coxis en el traslado en avión desde Neuquén a Rawson. Su columna quedó destrozada.

"Las consecuencias físicas están a la vista, son los 57 golpes del traslado" dijo ayer Luis Guillermo Almarza para ilustrar cómo quedó destrozada su columna tras los golpes y picana eléctrica aplicados en su cuerpo en sesiones de tortura que sufrió desde que fue secuestrado en Cutral Co el 14 de junio de 1976.

"57 bastonazos recibí desde la nuca hasta el coxis", dijo Almarza que contó en el trayecto por avión en el que fue trasladado desde la U-9 neuquina hasta Rawson -en septiembre de ese año-, cuando estaba vendado con las manos esposadas en los pies.

Cuando lo bajaron a las patadas al penal del sur "no podía caminar". En 1978 y por gestión del obispo neuquino, Jaime De Nevares, sus padres lograron que luego de dos años de estar encarcelado tras el secuestro, pudiera usar sus anteojos, sin los cuales no veía.

Almarza fue picaneado desde su secuestro en Cutral Co, el 14 de junio de 1976, cuando tenía 26 años. "La persona que estaba con Mendoza (ex comisario de Cutral Co en 1976) era la que llevaba a cabo los tormentos", dijo al recordar a quiénes pudo ver entre sus victimarios.

En la comisaría los tormentos comenzaron con trompadas, militares parados sobre sus extremidades durante la paliza y luego la picana hasta el desmayo.

Almarza fue uno de los testigos centrales en la jornada del juicio por delitos cometidos en la región en la última dictadura militar.

Aunque estuvo vendado, el excomisario neuquino Héctor Mendoza le hizo firmar una declaración que no pudo ver. "Vivía en Huincul desde niño, conocía a mucha gente, me preguntaban por Oscar Hodola, que era mi amigo y yo sabía que era del PRT -Partido Revolucionario de los Trabajadores-, y por otros que militaban en movimientos sociales y en el PJ. Yo no estaba afiliado a ningún partido político, pero adhería al PRT, y muchos los que queríamos otro futuro, eran mis amigos", dijo.

Después de los tormentos en Cutral Co fue trasladado hasta la U-9, de donde lo sacaban casi a diario desde el penal la primera semana. "La picana era inamovible, las trompadas y también el falso teléfono, la mano ahuecada en los oídos" en la Federal o en el ex Distrito Militar, ubicado en 1976 en Olascoaga y la ruta, que luego se vendió a una cadena de supermercados.

"Periódicamente me sacaban para interrogarme en la Federal y en el Distrito", sostuvo Almarza quien dijo que reconoció el lugar cuando, de regreso del exilio en Bélgica, como técnico gráfico ingresó a ese edificio cuando funcionó allí la escuela de Bellas Artes. "Cuando hice un recorrido por las aulas, me situé que allí había estado", dijo. A pesar del cruento trato a los presos en Rawson, Almarza denunció ante la Cruz Roja internacional cómo había sido torturado y los vejámenes carcelarios, y luego ante la comisión de la OEA -a fines de septiembre de 1979-, ya en la U-9 de La Plata, atestiguó conocer de la desaparición de los José Méndez, Javier Seminario, Juan Manuel Pincheira y Orlando Cancio, una tarde de siesta de 1976 cuando fueron sacados de Rawson "y en el diario salió que les habían dado la libertad, pero hasta hoy no están".

El cautiverio marcó una bisagra en la vida

Emiliano Cantillana Marchant aseguró que fue un hombre antes y otro después de haber pasado por la tortura . "Antes éramos jóvenes que pensaban en el futuro, en una patria libre, soberana, igualitaria; y pasamos a ser seres silentes; porque si te llevaron, por algo fue (le decían), entonces la sociedad y la justicia estaba ausente ", aseguró.

Cantillana Marchant reconoció a un hombre alto, rubio, de unos 35 años y de tez rosada como la voz que estuvo presente cuando lo picaneaban en Cutral Co en la U-9 de Neuquén. "Sabemos todo de vos, cuidate", le dijo al dejarlo en libertad uno de los interrogadores después de un mes de cautiverio, que incluyó las torturas en la comisaría y los golpes en la U-9.

Sin dudarlo, aseguró que el jefe de la comisaría de Cutral Co, Héctor Mendoza, estuvo en la comisaría la noche de secuestros y tormentos. "No sé si el torturaba, estaba con los militares que me torturaron. El estaba ahí", dijo Cantillana Marchant, quien fue secuestrado de Cutral Co.

Mendoza no integró el grupo de imputados en este juicio debido a que estuvo prófugo hasta el 2010, cuando fue hallado en Paraguay, en una comunidad religiosa donde se hacía llamar "hermano Héctor". Su procesamiento fue confirmado y está en la U-9 a la espera de un nuevo juicio.

¿Porqué no dio el nombre en el 85?, le preguntó la defensa oficial al comparar la declaración de ayer, con una realizada ante la Conadep y la instrucción judicial realizada por el juez federal Rodolfo Rivarola.

"Porque Mendoza estaba en funciones y no estaban dadas las condiciones en el país", contestó.

"Se llevaban el libro de Caperucita Roja"

Con su testimonio de una hora y media, Elena Margarita Meraviglia volvió a poner ayer a la comisaría de Cipolletti en escena como centro de detenciones ilegales tras el golpe del 24 de marzo del 76.

La testigo resaltó la arbitrariedad de sus funcionarios, incluido los militares que actuaron en ese lugar, para llevar a cabo las privaciones de libertad y ocultarle a los familiares de las víctimas noticias de sus paraderos.

Meraviglia habló particularmente respecto de dos detenidos: Luis Genga, quien había sido su esposo y fue detenido junto a las hermanas María Cristina y Silvia Beatriz Bottinelli y Jorge Villafañe, y de Norberto Osvaldo Blanco, quien era su vecino en el complejo de las 432 Viviendas en la vecina ciudad.

Cuando la defensora Paola Rubianes le preguntó si Blanco o su esposa Silvia Barcos (que declararán hoy) le habían dicho por qué habrían detenido al primero, dijo que "él militaba en el sindicato municipal y creo que venía por ahí. Pero cualquier cosa era motivo para poner en duda a una persona, se llevaban el libro de Caperucita Roja porque era roja".

En cuanto a Blanco dijo que cuando lo fueron a buscar los uniformados, policías y militares, "se metieron hasta por la ventana y como no estaba se quedaron como una semana" para obligar a que se entregara.

lunes, 21 de mayo de 2012

Incluyen la violación como delito de lesa humanidad

La fiscalía investiga los casos que se registraron en Neuquén durante la dictadura. Considera que la agresión sexual es un delito autónomo. Ya hay precedentes en otras provincias.

La violación como delito de lesa humanidad forma parte de la instrucción de la causa de "La Escuelita", a partir de los testimonios de mujeres y hombres que describieron su paso por la tortura en los juicios tanto de Bahía Blanca como de Neuquén.

Así lo confirmó la fiscal federal María Cristina Beute, tras el planteo que surgió la semana pasada en el juicio neuquino por delitos de lesa humanidad para que se impute por violación a los responsables de los secuestros y torturas en el Alto Valle.

Beute aclaró que hace un año y medio que la fiscalía revisa "las agresiones sexuales como un ataque distinto a lo que fue la aplicación de tormentos".

Existe el antecedente de al menos cuatro víctimas de violencia sexual (incluso hombres) por abusos cometidos cuando estaban maniatados, vendados y esposados durante el secuestro clandestino practicado durante la dictadura militar.

El pedido de que se condene por violación lo hizo Dora Seguel en el juicio neuquino, convocada como testigo por su secuestro a los 16 años, en el denominado "operativo Cutral Co", que tuvo como resultado la detención y tortura de una decena de militantes sociales y políticos de la comarca petrolera, varios de los cuales siguen desaparecidos.

Cuando las querellas de la APDH y del Ceprodh solicitaron que un tramo de su declaración (el de la violación en la comisaría de Cutral Co) fuera enviada a la instrucción, el fiscal José María Darquier informó que desde enero, la violación como delito de lesa humanidad forma parte de la instrucción de la "causa Reinhold".

"Cuando Dora Seguel declaró en el juicio de Bahía Blanca -por la desaparición de Mónica Morán- el tribunal bahiense le consultó si quería instar a la acción penal, y como asintió, los jueces remitieron las actuaciones a la fiscalía y el hecho es parte de la causa Reinhold", confirmó la fiscal Beute.

Se agregó otro hecho de violación que ya había denunciado Seguel y se compilaron "todas las declaraciones de todas las víctimas de la causa en las que detectamos que recibieron una agresión sexual, e invitamos a instar la acción", ya que por ser un delito de acción privada, la víctima debe expresar el planteo de que se investigue.

Explicó que "es un tipo de agresión que tiende a afectar a la persona de una manera distinta que no sólo tiene que ver con su integridad física. En todos los casos se está imputando, además de la responsabilidad en la privación de la libertad y los tormentos, la agresión sexual como autores mediatos".

Existen antecedentes en Mar del Plata y en Mendoza de condenas por el abuso sexual como delito de lesa humanidad.

En ambas sentencias, por casos diferentes, se consideró que dentro del plan sistemático de exterminio, la violación fue aplicada como método y debía ser castigado como delito autónomo.
Los secuestros en Cutral Co, los testimonios de exiliados políticos y la posibilidad de que declare "el que se escapó" del centro clandestino neuquino en agosto de 1976, forman parte de las expectativas de esta semana de juicio que se reanuda hoy por los delitos cometidos durante la dictadura.

El cronograma prevé hoy las declaraciones de Luis Almarza Arancibia, Emiliano Cantillana Marchant y Francisco Tomasevich, los tres secuestrados en Huincul y Cutral Co tres meses después del golpe del 24 de marzo.

El paso por las torturas tanto en unidad policial de la comarca petrolera como después al ser trasladados a "La Escuelita" fue reseñado la semana pasada por otros sobrevivientes. Almarza se exilió en Bélgica como opción que dio el régimen para salir de la cárcel en Rawson y actualmente vive en la región; en tanto aunque se aguarda con expectativas la declaración de Tomasevich -que desde que salió de Rawson reside en el exterior-, no estaba confirmado que hubiera arribado a la Argentina.

domingo, 20 de mayo de 2012

Revelan el accionar de Inteligencia

Hugo Monsalvez, conscripto que cumplió tareas en el comando de esa área del Ejército, aseguró que pudo ver a algunos oficiales ingresar al edificio vestidos con ropas que los hacían "irreconocibles".
 
Monsalvez dijo que la oficina de Mario Gómez Arenas estaba prohibida. -

Recordó que una tarde en un camión calabozo estacionado en la playa del comando, en su interior estaban algunos detenidos de Cutral Co, según le dijo un teniente.
 
Con la ausencia de los imputados, continuó ayer el juicio contra 24 represores acusados de violaciones a los derechos humanos ocurridos en la región durante la última dictadura militar.
El primer testigo en declarar ayer en el Salón Verde de AMUC donde está emplazado el Tribunal Oral Federal fue un ex soldado conscripto nacido en Plaza Huincul, designado al Comando de Inteligencia del Ejército, cuyo centro de operaciones funcionaba en Avenida Argentina y Sargento Cabral.
 
Hugo Nelson Monsalvez dijo que ingresó a cumplir con el servicio militar obligatorio quince días antes del 24 de marzo de 1976, y que durante su permanencia en el lugar se enteró que en el sector desplegaban distintas actividades los oficiales del Destacamento de Inteligencia Eduardo Molina Ezcurra y Sergio Adolfo San Martín; Mario Alberto Gómez Arenas, jefe de Inteligencia; y los suboficiales Francisco Julio Oviedo y Enrique Charles Casagrande. “Todo el mundo usaba ropas de civil”, aseguró Monsalvez.
Indicó que un día vio entrar al edificio a Molina Ezcurra vestido con un mameluco de la empresa petrolera Halliburton. “Estaba irreconocible, lleno de grasa”, manifestó, y agregó que en otro momento entró San Martín, “con ropas sucias y rotas, disfrazado de linyera”.
Expresó que también vio a ambos con una vestimenta igual a la que usaban los choferes de colectivos (camisa celeste y pantalón gris) y señaló que la entrada a la oficina de Gómez Arenas, a quien se lo identificaba como Teco, estaba prohibida.
Añadió que una tarde observó “un camión calabozo” estacionado en la playa del Comando en el que en su interior había gente, y que estaba custodiado por cuatro o cinco soldados que empuñaban armas largas. Indicó que "el teniente Taquini"  contó que los detenidos eran “terroristas de Cutral Co”.
Sorprendentemente, los fiscales y los abogados querellantes no interrogaron al testigo sobre las actividades de Raúl Guglielminetti en el Departamento de Inteligencia donde desempeñaba sus tareas.
 
El presidente del Tribunal, Orlando Coscia, le preguntó al testigo si los soldados destinados al Comando contaban con algunas ventajas y cómo se produjo su designación. Reconoció que contaban con ciertos privilegios y que fue enviado al lugar por la intervención de su jefe laboral “Jorge Cruz”. “(Cruz) era personal de Inteligencia. Entraba y salía diariamente sin documentos y en aquel entonces era gerente del Casino de la provincia y en la actualidad sigue desempeñándose en el cargo”.
Después declaró Juan Carlos Maidana, detenido por fuerzas militares cuando se encontraba en su casa el 14 de junio de 1976. Confirmó que en el procedimiento participó personal de civil que cubrían sus rostros con pasamontañas y fue llevado a la Comisaría de Cutral Co e interrogado sobre las actividades de su hermano Pedro Maidana.
También declaró Sergio Roberto Méndez Saavedra, de 76 años, sobreviviente de "La Escuelita" de Neuquén, quien calificó de cobardes a los imputados por delitos de lesa humanidad. Méndez Saavedra, nacido en Chile, era obrero de la construcción en Cutral Co cuando fue detenido y torturado durante el operativo que realizó el Ejército y la Policía de la provincia.

sábado, 19 de mayo de 2012

Testigo tildó de cobardes a imputados en juicio "Escuelita II"

Sergio Mendez Saavedra declaró como testigo.

Un sobreviviente del Centro Clandestino de Detención "La Escuelita" de Neuquén, calificó de cobardes a los imputados por delitos de lesa humanidad juzgados por el Tribunal Oral Federal 1. Sergio Méndez Saavedra, nacido en Chile y de 76 años, era obrero de la construcción en 1976 en Cutral Co, cuando fue detenido y torturado durante el operativo que realizó el Ejército y la Policía de la Provincia en ese entonces.

Al declarar este viernes en el juicio que se le sigue a 24 represores acusados de graves violaciones a los derechos humanos, se preguntó "por qué se adueñaron de mi libertad y de mi cuerpo".

"Hubiera querido tenerlos acá enfrente para preguntarles donde están los compañeros detenidos-desaparecidos, pero no están porque tienen esa posibilidad de no asistir a las audiencias", afirmó.

En tono vehemente, Méndez calificó a los imputados en la causa como "cobardes".

"No son valientes. Se hacían llamar machos cuando nos torturaban encadenados y vendados pero no son más que cobardes que no tienen dignidad", manifestó.

"Son enfermos, cobardes y me hubiera gustado preguntarles donde están los compañeros desaparecidos", y se esperanzó en que "sean juzgados y se den condenas a cárceles comunes, aunque tenemos antecedentes que no ha sido así".

"Estoy satisfecho porque queda plasmado en la sociedad este antecedente inolvidable para que se den cuenta la herida que tiene la Argentina que todavía no se puede cicatrizar".

Estimó que "ninguno de los imputados va a decir que pasó. No me hago ilusiones. Siempre ellos reivindican lo que hicieron. Acá no hubo guerra como dicen, acá hubo un plan sistemático cumpliendo órdenes extranjeras para exterminar a todo aquel que se opusiera  a los mezquinos intereses de ellos".

Méndez reveló que en "La Escuelita" que funcionó en el batallón militar de Neuquén, durante sus días de cautiverio pudo escuchar como torturaban a Graciela Romero y a su esposo Raúl Metz.

La pareja fue secuestrada en Cutral Co estando ella embarazada.

Por testimonios de otras víctimas, se supo que fueron trasladados a la "Escuelita" de Bahía Blanca donde nació su hijo apropiado que es buscado por sus familiares de origen.

En la audiencia también declaró Juan Carlos Maidana, quien fue detenido en el operativo Cutral Co con 17 años de edad.

Recuperó su libertad horas después, cuando ya habían apresado a su hermano Pedro, quien declaró ayer y relató al Tribunal las torturas a las que fue sometido y el largo trajinar de cárcel en cárcel hasta que pudo recuperar la libertad en 1981.