jueves, 19 de abril de 2012

Crudo relato de "Nano" Balbo ante el Tribunal. Su testimonio apuntó a Guglielminetti.

El grito del torturado es "como de animal"

Con despliegue de mesura, pero con exactitud y detalle de los hechos, Orlando "Nano" Balbo efectuó ayer un estremecedor relato de su secuestro y de las torturas sufridas a partir del golpe del 24 de marzo de 1976, en el juicio que se lleva a cabo en Neuquén por delitos de lesa humanidad.

Balbo, al hablar del padecimiento de los torturados, dijo: "Eran gritos no humanos, como de animal".

Las audiencias se reanudaron en la sala verde de Amuc con público dentro y fuera del Tribunal.

A excepción del comisario retirado Alberto Camarelli, los imputados no se presentaron en la sala. Los ex jefes militares Oscar Lorenzo Reinhold, José Ricardo Luera y Osvaldo Laurella Crippa, siguieron los dichos de Balbo a través de la pantalla de videoconferencia en Buenos Aires y Bahía Blanca. En 1976 Balbo era docente primario, había militado en la Juventud Peronista y se desempeñaba como secretario parlamentario de la diputada justicialista René Chavez.

A Balbo lo secuestraron el mismo día del golpe y debió exiliarse en 1978.

En su testimonio, Balbo describió cómo a lo largo de los dos años que estuvo detenido en Neuquén, en Rawson y en Caseros, vivió amenazado con volver al infierno de la tortura, mientras que sus padres sufrían tratos vejatorios al buscarlo o visitarlo en la cárcel. "Todavía no terminamos con vos", era una de las advertencias ante cada traslado de penal.

Conocía a Raúl Guglielminetti porque el ex agente de inteligencia integró el grupo de guardaespaldas del rector Dionisio Remus Tetu y Balbo se lo cruzaba en la UNC hasta que fue cesado de su cargo administrativo en Ciencias Agrarias.

Ayer, ante los jueces, Balbo identificó claramente a Raúl Guglielminetti como el que dirigió su secuestro el 24 de marzo, y también como responsable de las preguntas y el que ordenaba aplicarle la picana eléctrica en las sesiones de tortura que "se extendieron durante todo el día" en la delegación de la Policía Federal, recordó.

En la primera sesión -donde también estaba Guglielminetti- los golpes aplicados en forma de "teléfono" lo dejaron sordo permanentemente. "Atrás había dos o tres personas, pero él estaba adelante; los otros atrás", describió el docente neuquino.

Describió el tormento de esperar su "turno" en la escalera de la Federal mientras escuchaba los padecimientos de otros secuestrados. "Eran gritos no humanos, como de animal", dijo. Regresado a la U-9 "no me pude levantar", relató, y contó más adelante que cuando se vio en el espejo "no me reconocí".

En una de las sesiones en las que le ponían una bolsa en la cabeza mientras le pegaban, Guglielminetti se dio cuenta que entraba un poco de aire al nylon y la mandó a cambiar para continuar con el tormento "que te deja sin aire y parece que la cabeza va a reventar, mientras el corazón se enloquece", describió.

Sobre su torturador dijo que "tenía una mirada penetrante, con bronca me gritaba "rata de albañal! y hasta aprendí a saber cuándo iba a aflojar o no".