viernes, 27 de abril de 2012

La tortura en Cipolletti

Con los testimonios de Raúl Sotto y Oscar Contreras, comenzaron a ser ventiladas en el juicio las torturas denunciadas en la comisaría de Cipolletti.  Militantes justicialistas fueron secuestrados de sus casas o sus trabajos por militares y policías rionegrinos que luego los interrogaron a los golpes y con la metodología del “submarino”; mientras que sus familiares se agolpaban en la comisaría rionegrina y en el Comando del Ejército en Neuquén para conocer –infructuosamente- el destino de los secuestrados.

Sotto dijo no tener dudas de que fue secuestrado por su militancia peronista y por haber participado del “plan de Salud” implementado en el hospital de Cipolletti en 1974 donde trabajaba. Resumió que la programación de Salud incluía la contratación de médicos “full time” y la instalación de puestos sanitarios en los barrios de la ciudad.”No estoy acá en son de revancha, vine a contar lo que me pasó. Fue terrible la apaleadura que me pegaron en la comisaría de Cipolletti”, dijo.

Explicó que dos o tres días después del golpe una comisión de policías y del Ejército allanó su casa por la noche en busca de “armas y material subversivo” y que, como no encontraron nada, se fueron. Dijo que vivía allí con sus padres y su hermana, y que la familia  le alquilaba un espacio a gente que venía de Concordia a hacer la temporada en la cosecha de fruta, por lo que también fueron allanados.

Foto Oscar Livera

Describió que al segundo o tercer día después del golpe, la Policía Federal lo fue a buscar a su trabajo en la administración del hospital y se lo llevó a delegación neuquina, donde estuvo “toda una tarde” en la que fue interrogado sin golpes “sobre personas que no conocía”, para luego volver a su casa. Una semana después, al hospital llegaron policías provinciales y el Ejército y lo trasladaron esposado a la comisaría de Cipolletti. ”Detenido en el pasillo, me interrogan. Se me paran uno o dos en la espalda y Martínez me agarra de los pelos, porque yo era joven y los tenía largos, y agarrándome de los cabellos me metía la cabeza en un fuentón con agua”, describió. “Como consecuencia de eso, en el oído izquierdo, que yo tenía operado de chico, se me volvió a reventar el tímpano. Ahí estaba Del Magro, que después me decía cantá boludo, cantá la justa, mirá como te quedó la oreja, me decía porque yo tenía la oreja hinchada con una morcilla”.

Agregó que el policía lo amenazaba con “tirarlo a los bichos verdes”, por los militares. Aseguró que Saturnino “Sato” Martínez era quien le hacía submarino, o en otra oportunidad el que le pegaba en la boca del estómago mientras otros dos o más, le tenían agarrado de las manos en cruz. Dijo que mientras recibía golpes, Oscar Del Magro y Miguel Ángel Quiñones -ambos policías rionegrinos retirados e imputados en este juicio- le hacían el interrogatorio. Todo ocurrió sin que le vendaran los ojos  y los policías actuaban tanto en los golpes como en los tormentos, a cara descubierta. Estando en el lugar, describió que vio en una oportunidad que a Oscar Contreras, a quien conocía porque era militante justicialista, lo tenían parado en contra de una pared, con las manos a los costados, y que le golpeaban en la espalda “con un fusil FAL.”Una noche me sacaron, era el oficial Quiñones, y me mostró a un hombre de bigotes y me dijo: éste es un extremista como vos, y me dieron otra pateadura más porque no lo conocía. Hay rostros que no se olvidan nunca. Cuando falleció Ricardo Novero hace pocos años, a quien conocía porque era de la Juventud Peronista (JP) y trabajaba en la municipalidad, en el funeral me saludó un hombre con bigote y me dijo; vos tenías el pelo largo y te acusaron de que eras un extremista. Fueron las dos veces que lo vi en mi vida”, destacó.

Foto Oscar Livera

Sotto explicó que a él y otros peronistas que estaban detenidos en la comisaría, los hermanos Pailos -que también eran de la JP- los policías los sacaban en la noche esposados en una camioneta del Ejército “y se bajaban en unas casas y me decían ¿conocés este lugar?, en distintas casas que decían que eran donde se reunían los subversivos”. Finalmente dijo que cuando fueron liberados, junto con los hermanos Pailos, fueron llevados desde la comisaría de Cipolletti hasta la sede del destacamento ubicado sobre la calle Sargento Cabral en Neuquén, a un costado del Comando y de allí fueron ingresados a la U9, para ser liberados después, previo realizar la pericia dactiloscópica en la oficina de la Policía Federal en Neuquén.

Aseguró que la salida hacia el Comando y luego desde la U9 hacia la Federal para las improntas dactilares, las realizó junto con los Pailos y en una camioneta en la que iba personal del Ejército y Quiñones. En su relato, y luego de varias preguntas y repreguntas de los defensores, Sotto fue confuso sobre en qué momento se hizo el allanamiento a su casa, y las características de la detención en la Federal, como así también sobre cómo conocía la  identidad de los policías que lo golpearon  cuando permaneció secuestrado en la unidad policial cipoleña. Esto derivó en un fuerte cruce con Hernán Corigliano, defensor  del militar Gustavo Vitón, que en 1976 era el interventor de la comisaría de Cipolletti. También con la defensa del comisario Del Magro, a cargo de Rodolfo Ponce de León.”¿Cómo sabía quién era Del Magro”? le preguntó. “Porque en 1975 intervine en una pelea que frenamos con otro, y me hicieron una causa por robo y hurto y el que hizo la actuación en la comisaría, era Del Magro”, respondió Sotto.

Matías Subat

 

“¿Se acuerda si tenían uniforme o no cuando le allanaron la casa? ¿Cómo sabía que eran policías los que le golpeaban en la comisaría?”, insistió Ponce.”Porque los mismos que me allanaron la casa después estaban en la comisaría. Cuando me allanaron, los policías entraron en mi casa y el Ejército se quedó afuera. Cuando me pegaban en la comisaría, que no importaba qué respondía, porque me pegaban igual; además de Quiñones y Del Magro -que nunca me pegaban, solo interrogaban- había un suboficial del Ejército, flaco, alto y de pelo ondulado”, describió Sotto. El defensor de Del Magro le preguntó entonces si era parte de la barra brava del Club Cipolletti, e intentó avanzar en la animosidad que podría existir contra la policía local como integrante de la hinchada; interrogatorio que no prosperó ante los reclamos de la querella y la vuelta al debate sobre la causa por “robo y hurto” en 1974.

Sotto insistió en que había sido sobreseído en ese proceso y que estaba “armado” ya que junto con unos amigos habían intervenido para frenar una pelea, tras lo cual les llegó la citación por “robo y hurto”. Sotto dijo que durante la detención días después del golpe, un policía le sugirió que se fuera de Cipolletti porque los iban a volver a detener.”Nos fuimos a Concordia, Entre Ríos, a trabajar el citrus y después a una empresa. Una persona que yo conocía nada más de cuando éramos niños, el “loco Barrera” le dijo a mi hermana Alicia que ni me apareciera, porque me andaban buscando y no volvimos. Allá por el 88, cuando ya había vuelto a Cipolletti, me encontré en la plaza con Juan Carlos Barrera y me dijo que en ese tiempo lo había agarrado la policía, lo habían desnudado, lo habían colgado y tirado agua, y le picanearon para que dijera dónde estaba,  y como él no sabía nada, les dijo que me había ido a Brasil”, destacó. Finalmente Sotto dijo que a Enerio Huircaín -a quien identificó como el que lo esposó cuando lo secuestraron para llevárselo a la comisaría cipoleña- lo veía habitualmente en Cipollletti los últimos años porque se había ido a vivir a unas dos cuadras de su casa, y que a Martínez lo había cruzado “en la Anónima que está cerca de mi casa. Salió corriendo como si le fuera a hacer algo, yo no voy a insultarlo ni nada, no sirve de nada”, aseguró al Tribunal.

Después de dos horas de exposición, el último tramo terminó muy trabado por las preguntas de los defensores y los planteos de hostigamiento por el que le reclamaban las querellas. A tal punto que, ofuscado, Sotto le cuestionó a la defensora Rubianes: ¿cree que le estoy mintiendo, quiere que le muestre las cicatrices? La defensa de Vitón solicitó después falso testimonio para Sotto.

Foto: Emiliano Ortiz

 ”Mi madre murió sin saber de qué lo acusaban”

Alicia Sotto inció su declaración describiendo el allanamiento en la vivienda familiar dos o tres días después del golpe del 24 de marzo. “Pinchaban las paredes porque buscaban armas, eran los policías, pero afuera estaban los del Ejército”, dijo. Agregó que acompañó dos veces a su madre en busca de su hermano desaparecido luego de que el grupo de tareas se lo llevó del hospital. “Sé que se lo llevaron del hospital porque yo trabajaba en estadísticas y vinieron mis compañeras a abrazarme y me decían que a mi hermano se lo llevó el Ejército y la policía”, describió. “Había mucha gente que pedía por sus familiares”, en la comisaría.

Matías Subat

Alicia Sotto dijo que cuando a su hermano se lo llevaron para interrogarlo en la Federal desapareció por dos días de la casa, y que cuando volvió de su segundo secuestro en la comisaría de Cipolletti, “vino todo golpeado, pero no contó nada”. Agregó que “en la cara tenía como un latigazo, el oído lo tenía reventado y no escuchaba; y en esos días que se cambió la remera, vi que en su espalda y por todos lados tenía magullones y estaba todo morado de los golpes”, describió.

Relató que acompañó a su madre a la comisaría para preguntar por su hermano, “y después de dos veces mi mamá no me dejó ir más, porque yo preguntaba mucho y no me gustaba cómo nos trataban y mi madre tenía miedo que también me dejaran adentro. No nos dejaron verlo, venía uno de atrás, de civil, enojado porque íbamos a buscarlo. Una vez le dijo a mi madre, ‘ahora te preocupás, lo vamos a mandar al Chaco’, dijo Alicia Sotto, y aseguró que después supo que quien les decía esto, que angustió muchísimo a su madre porque no tenían recursos para ir a visitarlo tan lejos, era Quiñones. “Yo lo vi esas dos veces que fui con mi mamá; era no muy alto, pelo ondulado y morocho; mi madre se murió y nunca supo por qué era que lo tuvieron detenido”, dijo.

Alicia Sotto aseguró que la única persona que les tendió una mano fue el obispo Jaime De Nevares, quien les recomendó que fueran al Comando a preguntar. “Fueron mi mamá y mi papá, y a ellos les preguntaron si sabían de que mi hermano tuviera armas o dónde hacían las reuniones. Después le dijeron que a mi hermano le iban a dar la libertad, que era un buen muchacho, que se fueran a la casa”, finalizó. La mujer recordó como un aspecto desgarrador cómo a partir de esa detención “fuimos tratados por los vecinos y por los mismos compañeros del hospital como si tuviéramos peste. Se cruzaban de calle para no saludarnos. Nadie me investigó, si uno decía que éramos subversivos, todos creían que así era, me llevé muchas desilusiones de la gente”, planteó al borde del llanto. Alicia Sotto dijo que en 1977 la llamaron del hospital para decirle que “estaba en una lista” y que no podía volver a trabajar allí.

Hospital en disponibilidad

Elba Noemí Sanchez es una jubilada bancaria que declaró por videoteleconferencia y que en 1976 tenía a su cargo la administración del hospital de Cipolletti. Dijo que no le constaba que a Sotto lo hubieran detenido, aunque ante preguntas del Tribunal, dijo que en esos días supo por comentarios que “tres o cuatro empleados del hospital que eran peronistas, estaban detenidos en la comisaría de Cipolletti”. Aseguró que en el hospital de Cipolletti se llevaba a cabo el plan de salud el gobierno peronista y dijo no recordar si ese plan cambió a partir del golpe.

Aseguró que tanto a ella como al director de entonces, Raúl Corvo, los declararon “prescindibles”, lo que significó que los cesantearan sin indemnización y que por cinco años no podían ingresar a ningún ámbito de la administración pública nacional, provincial o municipal. Dijo conocer a los doctores Mario Villagra  y Tomás Hertzeg como ginecólogo y pediatra, respectivamente, pero dijo no saber si después del golpe militar tuvieron otro cargo en el nosocomio. Antes, los médicos habían sido nombrados por Sotto, quien dijo que estando en la comisaría de Cipolletti secuestrado,  le aseguraron que los médicos decían que “los del plan de salud, son todos unos subversivos”.


Fuente :  Sindicato De Prensa De Neuquén


Emiliano Ortiz 11 abril 2012