miércoles, 2 de mayo de 2012

Hablar de la tortura

A lo largo del juicio a represores del Alto Valle por delitos de lesa humanidad se escuchará el testimonio de víctimas que por primera vez decidieron contar qué fue lo que les ocurrió. En muchos casos el silencio acompañó 36 años de dolor en los que la angustia de haber sufrido los tormentos hizo que callaran sus historias.

Foto: Emiliano Ortiz
 
Es el caso de Oscar Dionisio Contreras, quien en la audiencia del viernes 28 de abril, por la tarde, decidió narrar después de tanto tiempo lo vivido en la comisaría 4ª de Cipoletti. “Lo mío fue trise y doloroso pero no lo hace más triste que las desapariciones de compañeros que no están”, expresó.
Contreras relató que fue privado ilegalmente de la libertad con violencia durante el mes de mayo de 1976. Mientras estaba en su casa en Cipolletti golpearon la puerta, y al abrir se encontró con personas uniformadas del Ejército y de la policía de Río Negro quienes entraron y registraron su vivienda. Luego, sin ninguna explicación, lo llevaron en una camioneta a la comisaría. De acuerdo al relato, estuvo casi dos semanas detenido.
“No me interrogaron, nunca supe por qué me llevaron” dijo Contreras, quien presume que la persecución era por ser militante en la Juventud Peronista y ser delegado de UPCN en el Hospital de Cipoletti.
Durante su detención en la comisaría le fueron aplicados tormentos físicos. Al respecto, sostuvo que efectivos policiales lo sacaban al patio y lo hacían poner contra la pared, después de varios minutos le apoyaban un arma en la espalda para que, haciendo presión, tocara con el pecho la pared.
“Lo que más me dolió fue ver a un conocido de la infancia de nombre Villalobos, con el cual prácticamente nos habíamos criado juntos en el barrio, que en varias oportunidades me apoyaba su arma”. En este punto vale aclarar que la víctima hace referencia a Julio Héctor Villalobos, uno de los imputados en esta causa
Mientras Contreras estaba detenido su entonces mujer se reunió con políticos, funcionarios y jefes militares para conocer su paradero. “Después de días de peregrinar por muchos lados, se enteró que estaba en la comisaría. A partir de entonces, todas las jornadas pedía por mi liberación. Yo salí gracias a que me buscaban”.
En su relato, la víctima confirmó que en la dependencia policial compartieron calabozo con un compañero de trabajo y amigo, Raúl Sotto. Pudo observar que en varias ocasiones lo llevaban a una sesión de torturas ya que lo traían golpeado y mojado por la aplicación del “submarino”.

Cuando quedó en libertad, Contreras pudo volver a trabajar en el Hospital en el sector de maestranza, donde se desempeña hasta la actualidad. Expresó que la situación en el trabajo cambió con el golpe porque varios trabajadores quedaron cesantes con una ley que los declaró “prescindibles”.
Después de responder las preguntas del Tribunal, las querellas profundizaron sobre la búsqueda que realizó la familia de la víctima para encontrarlo. Por su parte, las defensas cuestionaron a Contreras por haber callado tanto tiempo y trataron de buscar contradicciones en su relato sobre las torturas con las declaraciones que realizó ante la Justicia en el año 2007.
“Quieren confundir a los testigos para pedir falso testimonio”

Con esa frase los abogados de la Secretaría de Derechos Humanos de Nación criticaron duramente a las defensas.
El abogado Marcelo Medrano le pidió al Tribunal que mediara para evitar el hostigamiento a las víctimas. El pedido se basó en que varias preguntas que los abogados defensores realizaron a los testigos eran capciosas, infundadas y buscaban confundir. Para Medrano, el objetivo es marear a las personas que se sientan frente a los jueces y luego pedir el falso testimonio.
La audiencia terminó con un duro cruce entre las querellas y las defensas quienes se quejaron y tildaron a los planteos de atentar contra el derecho de ejercer la abogacía.
Al respecto, Guillermo Ibáñez, abogado de Hilarión de la Paz Sosa y Enrique Braulio Olea, dijo que “los planteos son inaceptables e injustos, porque las defensas no son verdugos de los testigos”. Por su parte, el defensor del Del Magro, Rodolfo Ponce de León, solicitó a las querellas tolerancia y respeto por la multiplicidad de enfoques.
Finalmente, el Tribunal decidió tener en cuenta los pedidos del abogado querellante para testimonios futuros.

Sindicato de Prensa