domingo, 13 de mayo de 2012

Lugares donde se sembró el terror

En las últimas audiencias, algunas víctimas de la represión señalaron a la actual Comisaría 4ª de Cipolletti como uno de los centros clandestinos de detención y torturas que hubo en la región.
Por georgina gonzales y pablo montanaro

También funcionó como "lugar de paso" previo al traslado a otras cárceles o lugares de cautiverio y tormentos.
Neuquén - En este segundo tramo del juicio a los represores que actuaron en la región durante la última dictadura militar la investigación busca revelar otros centros clandestinos de detención y torturas además de "La Escuelita" que comenzó a funcionar en junio de 1976.

En las últimas jornadas de las audiencias que se llevan a cabo en el Salón Verde de AMUC quedó demostrado que también en la Comisaría Séptima de Cipolletti (actualmente Comisaría Cuarta) fueron torturadas víctimas directas de la represión.

Si bien los testimonios de los hermanos Juan Domingo y Julio Eduardo Pailos, el miércoles pasado, quedaron suspendidos por una denuncia de persecución laboral en el Hospital de Cipolletti, sus declaraciones anteriores daban cuenta del terror que les había tocado vivir.

Hasta el momento con las declaraciones de Raúl Sotto y Oscar Contreras se identificaron a algunos de los policías que accionaban en esa comisaría ubicada en pleno centro cipoleño.

Sotto identificó al suboficial Saturnino Martínez como el autor de las torturas sufridas en esa dependencia policial, y a Miguel Ángel Quiñones, en ese momento subayudante de Inteligencia de la Policía de Río Negro; al oficial Oscar Ignacio del Magro y a Gerónimo Huircaín, oficial encargado del Servicio de Informaciones, como partícipes de su detención días después del 24 de marzo de 1976. Quien estaba a cargo de la dependencia en ese momento era el comisario principal Antonio Alberto Camarelli.

La víctima relató que sufrió una forma de tortura conocida como "submarino" realizada por Martínez, quien le sumergía la cabeza en un fuentón con agua durante varios minutos para que contestara el interrogatorio.

En su declaración del 27 de abril, Sotto afirmó que “Del Magro me agarró y me dijo: 'Cantá la justa, mirá cómo tenés el oído', ya que producto de las torturas "me reventaron el tímpano". “¡Policía!”, escuchó del otro lado de la puerta de su casa Oscar Contreras. Después del grito y de numerosos golpes en la puerta irrumpió un oficial acompañado de hombres del Ejército, quienes lo metieron en una camioneta Ford de color verde hasta la comisaría, ubicada en Roca al 400.

En su declaración, Contreras aclaró que no había hecho nunca la denuncia de su secuestro en 1976. "Lo mío fue triste y doloroso. Pero mucho más triste y doloroso fueron las que pasaron los que hoy no están”, aseguró.

Contreras identificó al imputado Julio Villalobo, suboficial de la comisaria de Cipolletti al momento de los hechos, como uno de los protagonistas de su detención y marcó al Teniente Primero Gustavo Vitón, quien se desempeñó como responsable militar del área operativa de la Comisaría 24 de Cipolletti.

Ya en el juicio del 2008 el suboficial Jorge Amare contó que Vitón fue destinado a esa comisaría en el marco de la “lucha contra la subversión”.

En sus declaraciones anteriores Juan Domingo Pailos relató que cuando lo detuvieron lo tiraron contra un paredón, momento en que se le aflojaron todos los dientes.

Además, Pedro Trezza y Luis Genga estuvieron confinados en la comisaría antes y después de su cautiverio en "La Escuelita".

Plan sistemático
La fiscal María Cristina Beute, de la Fiscalía en Primera Instancia de Neuquén, señaló que el fallo condenatorio dictado por el Tribunal Oral Federal en diciembre de 2008 que condenó a ocho ex jefes militares que actuaron en la provincia por esos años de dictadura, "por hechos similares a los que se están investigando en la actualidad, consta que la comisaría de Cipolletti operó como centro de detención ilegal en contribución al plan sistemático de represión ilegal perpetrado por el Estado dictatorial".

Y agregó que "la afirmación que acusa a los policías imputados reposa en diversas pruebas, además de los testimonios de las víctimas, oportunamente evaluadas por el Juzgado Federal Nº2 de Neuquén y la Cámara Federal de Apelaciones de General Roca”.

Beute señaló que a fines de 1975, María Cristina Botinelli estuvo presa en la Comisaría de Cipolletti donde durante las dos semanas de cautiverio fue golpeada.

Por su parte, Noemí Labrune, integrante de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), precisó que los casos de Sotto, Contreras, Ricardo Novero y otra víctima de apellido Carmona -fallecido, cuyo caso se analizará en el siguiente tramo de este juicio- ocurrieron en los primeros días posteriores al golpe de Estado.

“En ese momento La Escuelita no estaba habilitada por eso algunos fueron a la Unidad Penal 9, y la interrogación y tormentos ocurrieron en la Policía Federal de Neuquén, y otros en la comisaría de Cipolletti que se habilitó como centro clandestino de detención porque estas personas no estaban registradas en el libro de entradas y salidas, y fueron sometidas sistemáticamente a tormentos”, explicó.

Cuando se habilitó La Escuelita en los fondos del Batallón de Ingenieros 181, según consideró Labrune “ya no fue necesario utilizar la comisaría de Cipolletti”. “Pero el solo hecho que se haya utilizado durante varias semanas al principio del golpe militar demuestra que el plan de exterminio era uno solo y se cumplía en diferentes unidades con diferentes fuerzas, que estaban alineadas para el cumplimiento de ese plan”, expresó.

Con respecto a los tormentos y torturas que sufrieron los secuestrados en la comisaría de Cipolletti, Labrune describió que “eran golpes muy bien estudiados, había una técnica para que no dejaran rastros visibles. No le reventaban un ojo, pero le hacían el 'sifón' (les metían soda helada en los oídos), golpes en los riñones y en las piernas que a la larga dejan su rastro porque de esa manera el cuerpo se deteriora".

Comentó que “a la noche sacaban a los secuestrados y los llevaban al paraje conocido como El Treinta, a una instalación militar, y allí continuaban los tormentos y vejámenes, en algunos casos hubo picana. En el caso de Carmona hubo vejámenes sexuales muy aberrantes, propinados, según su testimonio, por personal policial que logró identificar". “De manera tal que lo más liviano, por así decirlo, lo hacían dentro de la comisaría y lo más espantoso afuera, pero tenían la potestad de entrar y salir con detenidos que podrían no haber vuelto”, describió.

Negaciones
El historiador de la Universidad Nacional del Comahue, Pablo Scatizza, señaló que antes de existir "La Escuelita" otros lugares oficiaron de centros clandestinos de detención y torturas, "aunque mucho más 'públicos' y a la vista de toda la sociedad", como la comisaría de Cipolletti.

"A pesar de las evidencias, hay quienes hoy se niegan a pensar o reconocer que una comisaría ubicada en pleno centro de Cipolletti o una Delegación de la Policía Federal ubicada en pleno centro neuquino, haya sido un centro clandestino de detención y torturas. Pero si lo pensamos un poco, nada tiene de raro: el plan sistemático de represión, tortura y muerte perpetrado durante la última dictadura militar no pudo haberse ejecutado sin la participación activa, consciente y deliberada de las fuerzas policiales y de seguridad -que incluso estaban obligadas a hacerlo por directivas del Ejército-, así como de numerosos cíviles y funcionarios políticos y judiciales convencidos del proyecto".

Fuente:LaMañanaNeuquen - Publicado por Colectivo Ex P. Pol. Sobrev. Rosario