lunes, 11 de junio de 2012

"Eran mapuches"



La sala se vio desbordada ayer de público, en tanto representantes de la Confederación Mapuche participaron ayer de las audiencias por considerar los secuestros de Pichulman y Aigo como "los desaparecidos del pueblo mapuche" durante la dictadura.

"Lo que sufrió el pueblo mapuche y la sociedad no mapuche fue un segundo genocidio que se produce en el territorio, y estamos para traer mucho newen, mucha fuerza espiritual a los testigos mapuche hoy para que tengan la fortaleza necesaria para este momento de represión y de tanta brutalidad", dijo Peti Pichuiñan, de la Confederación Mapuche.

El representantes de la Confederación Mapuche abogó por que haya para los culpables "juicio y castigo como lo que son, como genocidas".
"No creo que mis hijos estén muertos"

 "No creo que mis hijos estén muertos. Con vida se los llevaron y con vida han de volver". Feliciana Alcapán de Pichulmán tiene ahora 84 años y desde la madrugada del 12 de 1976, cuando un grupo de uniformados con los rostros cubiertos y armados irrumpió en su casa del barrio Sapere, no volvió a ver a José Francisco, cuyo caso se ventila en el juicio.

En enero del año siguiente, en J.J.Gómez fue secuestrado otro de sus hijos, Juan Raúl Pichulman, a quien tampoco volvió a ver. Este caso se ventilará en un próximo juicio. De ambos la familia no sólo que nos los vio más sino que tampoco recibió noticia alguna, de ninguna fuente. Ayer en la tarde al cerrar su testimonio agradeció al tribunal por haber escuchado su relato, porque "ahora tengo más esperanzas por mis hijos".

Conmovió a la nutrido público que había en la sala -en la mañana estuvo colmada-, cuando dijo: "Es terrible tener dos hijos desaparecidos...". Aludió a sus creencias religiosas y ese sentido dijo que "yo oro por mis hijos desaparecidos, pero también por los otros, de ellos también me hago madre". Y destacó que las prácticas religiosas la han ayudado a afrontar el drama de la pérdida de sus seres queridos.

"Me ha fortalecido, me dio consuelo y ya no yo lloro, pero sigo cada día pidiendo por ellos", remarcó. La mujer relató que durante meses peregrinó hacia la sede del Comando del Ejército, donde la recibía el ahora imputado, el mayor Luis Alberto Farías Barrera, quien le negaba que los militares tuvieran alguna responsabilidad en el secuestro de su hijo. "Yo no le tenía miedo, iba a pedir por mi hijo porque ellos se lo habían llevado, hasta que un día me dijo que mi hijo no había salido culpable", relató, pero que continuó desaparecido. También declaró Juan Alberto Manque Ñanculef, cuñado de Celestino Aigo, cuyo caso se debatió el miércoles y es otro de los desaparecidos en este tramo de casos en debate. Reiteró datos dados por otros familiares de Aigo al momento de su secuestro y ante la requisitoria del defensor Hernán Corigliano desconoció haber dado su testimonio en la instrucción, incluso desconociendo como suya la firma registrada en documento que obra en el expediente.