miércoles, 6 de junio de 2012

"La escuelita" II "A algunos se los llevaron por estar mirando"

La resistencia a ser trasladados del asentamiento ubicado en el acceso a Neuquén fue la antesala a las desapariciones en 1976, explicaron los familiares de Javier Seminario Ramos.
 
La resistencia de los vecinos del barrio Sapere a ser reubicados en el otro extremo de la capital fue la antesala a las desapariciones de la militancia barrial después del golpe militar de 1976, revelaron ayer en el juicio los familiares del desaparecido Javier Seminario Ramos.

"A algunos se los llevaron por estar mirando y a otros porque los tenían marcados", explicó Lucía Jara de Cantero, suegra de Javier Seminario Ramos, al detallar los allanamientos y secuestros en 1975, cuando se llevaron, entre otros, a Javier Seminario, uno de los seis desaparecidos por los que se realiza este juicio.

El 24 de marzo de 1976, Seminario seguía en la cárcel por los hechos de Sapere.

Su mujer, Graciela Cantero, que lo veía a diario en la exalcaidía, lo pudo visitar en la U9 dos veces por semana luego del golpe. En agosto lo vio por última vez. Extremadamente flaco, triste y con signos de haber sido torturado. En noviembre fue retirado por el mayor Luis Alberto Farías Barrera de la cárcel de Rawson, adonde había sido trasladado en septiembre. Nunca más se supo de Javier Seminario.

"Lo fuimos a visitar y nos dijeron que no estaba, perdimos contacto con él y nos enteramos de que estaba en (la cárcel de) Roca, allí nos dijeron que no lo podíamos ver, que lo habían trasladado a Neuquén. Volvimos a la U9 donde nos dijeron que ya no lo tenían, que fuéramos al Comando y allá el mayor Farías nos dijo que estaba en Rawson y no supe más", describió Graciela Cantero.

Su madre, Lucía Jara de Cantero (que vivía con la pareja) detalló que en 1975 hubo dos operativos en los que actuó la Policía de la provincia, con la Federal y el Ejército. Aseguró que los operativos fueron realizados porque los habitantes del barrio se resistían a ser reubicados, ya que el gobierno de Felipe Sapag "no quería una villa en la entrada de Neuquén, querían un barrio residencial y poner un casino. Después de ir a la Gobernación nos prometieron los terrenos y cuando conseguimos las casas, quisieron poner a otros vecinos", detalló.

En el primer operativo "se llevaron a Graciela, a Seminario y a mí; nos llevaron a la Federal, pero como no había nada legal, el abogado fue y nos sacaron al mediodía. Ese día el único que no volvió fue Cancio (por Orlando Cancio, otro de los desaparecidos de Sapere). El segundo (operativo) fue por la noche al otro día. Íbamos al trabajo -hasta el correo- , nos levantó la policía cerca del puente y nos llevaron a la comisaría; me preguntaron por Seminario y les dije que estaba en la casa, de allí se lo llevaron", dijo Lucia.

Lucía Jara explicó que estuvo 9 meses en la cárcel junto con las vecinas Nelly Curimán y Josefina Cortés. "Sentía cómo le pegaban (a Seminario) en el pasillo de la comisaría. Yo no lo vi hasta el 10 de mayo (de 1976), lo fui a ver una vez; pero como yo había tenido PEN (a disposición del Poder Ejecutivo Nacional), no me permitieron verlo más. En noviembre salió en el diario que le habían dado la libertad a Seminario, Cancio, (José Francisco) Pichulmán y (José Delineo) Méndez; los esperamos, pero no llegaron más", describió.

Detalló que por Seminario "hice presentaciones en la OEA, en la embajada de Perú -Seminario era peruano- cuando no lo localizábamos. Graciela iba siempre al Comando, pero nunca le dieron una buena noticia".

Explicó que los allanamientos de Sapere se produjeron "porque nos querían desalojar, todos nos hicimos fuertes para no salir del lugar que teníamos".

También declaró el ex soldado Daniel Guillermo Zapata, quien testificó sobre la existencia de "La Escuelita", en el fondo del Batallón 181.

 La querella del Ceprodh pidió que se investigue el falso testimonio del comisario retirado de la policía de la provincia, Alejandro Rojas. Al término de su declaración, una mujer fue retirada de la audiencia cuando increpaba al testigo.

Rojas ya era comisario cuando participó en Sapere "de apoyo para gente de civil" -que dijo no saber siquiera a quiénes respondían- en los operativos que se llevaron a cabo en el barrio en 1975; pero fue notorio que no quiso validar ni sus propias declaraciones que había hecho ante la justicia en 1985, ni en el juzgado del ex juez federal Guillermo Labate en 2008, ni siquiera respaldó sus dichos en el anterior juicio, en el que también había sido convocado como testigo. "No dije que hubiera detenciones en Sapere", insistió. No se quiso acordar de que había dicho antes que la detención del vecino José Francisco Pichulmán -luego desaparecido- "había sido una cama", ni que le habían retirado material de la casa de Javier Seminario Ramos como "la Estrella Roja". "Me habré equivocado, no recuerdo, pido disculpas", fueron las frases recurrentes.

El pedido de la querella fue respaldado por la fiscalía.
Al término de su declaración, una mujer fue retirada de entre el público y se le retiró la acreditación, debido a que lo increpó como "asesino", "cómplice" y le enrostró a viva voz el cántico de los hijos de desaparecidos "a donde vayan, los iremos a buscar".

Graciela Cantero detalló que cuando visitó a su pareja Javier Seminario Ramos en la U9, "estaba triste y muy mal porque lo golpeaban, me dijo que tenía miedo porque lo iban a matar".

La mujer, que sigue viviendo en la misma casa que entonces, detalló que Seminario no quería hablar de sus padecimientos, aunque le relató que "le decían que dijera cosas que él no era, me dijo que lo habían picaneado también. Se sentía muy mal porque lo golpeaban".

La última vez que lo vio fue en la cárcel "a fines de julio o principios de agosto" de 1976. En diciembre de 1976, cuando lo buscaba sin tener otras novedades más que había sido trasladado a los penales de Roca y a Rawson; el mayor Farías Barrera, desde el Comando, "me dijo que a él lo habían dejado libre y me mostró un papel que tenía su firma. Fui muchas veces más a verlo porque no llegaba y una vez me metieron en un salón gigante donde me tuvieron toda una tarde y (Oscar) Reinhold (del destacamento de Inteligencia) se paraba al lado mío, me miraba; se ponía la mano en la cintura y me miraba, tenía miedo por estar ahí sola, pensé que también me iban a secuestrar o matar, pero no me dijeron nada hasta que me fui", recordó.